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Fiesta al noroeste, de Ana María Matute

Fiesta al noroeste, de Ana María Matute1. Breve biografía del autor.
Ana María Matute nació en Barcelona en 1926. Según sus propias palabras nunca fue una niña feliz, pues aunque su padre la quería y cuidaba muy bien, siempre careció del cariño maternal. La escritora estuvo a punto de morir cuando contaba con cuatro años de edad debido a una infección de riñón. Quizá motivada por los prodigiosos cuentos que le contaba su padre, Ana María Matute comenzó a escribir historias muy pronto. A los diecisiete años escribe su primera novela que, si bien interesó a la Editorial Destino (llegando incluso a firmar un contrato), permanecería inédita hasta once años más tarde cuando fuese publicada por la Editorial Planeta en una de las ediciones de su controvertido y polémico premio literario, la obra en cuestión era Pequeño teatro (1954). Con Fiesta al noroeste (1952) gana el premio Café Gijón; comienza así una prodigiosa carrera literaria llena de éxitos y reconocimientos. Ana María Matute obtiene el Premio de la Crítica con Los hijos muertos (1958) que será Premio Nacional de Literatura. Continúa su imparable carrera de éxitos y galardones con Los soldados lloran de noche (1969) que es premio Fastenrath. Su nombre sonó con fuerza para el premio Nobel de Literatura durante varios años aunque, lamentablemente, no lo consiguió. Sí recibió el premio Cervantes en 2010 en cuya ceremonia pronunció un discurso verdaderamente magistral que quedará para la historia. Otras obras de la autora son: En esa tierra (1955), Primera memoria (1959), La torre vigía (1971), Luciérnagas (1993), Olvidado rey Gudú (1996) o Aranmanoth (2000).

2. Contexto literario de la obra.
En los primeros años de posguerra la novela fue poco cultivada. Será a partir de 1945 cuando una serie de autores comiencen a publicar libros en prosa, autores como Camilo José Cela, Miguel Delibes, Carmen Laforet o Ana María Matute intentarán reflejar la cruda realidad de una España triste y apagada sin usar artificiosos recursos estilísticos, aunque caerán en el subjetivismo. Además, la narrativa que se publica en la década de los 50 tiene como rasgo fundamental el paso de la angustia existencial tan característica de la década anterior a un realismo social que muestra -desde una perspectiva crítica- aspectos concretos de la triste realidad española haciendo notar su rechazo al modelo social imperante. Es importante en este punto hacer notar que la escritora que ahora tratamos tiene verdadera pasión por el mundo de la fantasía: su trilogía ambientada en una Edad Media fantástica -muy alejada de la de Tolkien, pese a lo que diga alguno- es buena muestra de ello.

3. Comentario de la obra.
Fiesta al noroeste no es una novela especialmente complicada aunque sí exige una lectura atenta. Esto es debido a un recurso literario muy frecuente en la literatura del siglo XX que podemos observar en escritores de la talla de Juan Benet o Juan José Millás. Me estoy refiriendo al uso que Ana María Matute hace del tiempo, solapando dos acontecimientos que ocurren en momentos distantes en el tiempo y que vienen al presente narrativo para ofrecer al lector la información necesaria para que comprenda la personalidad de los personajes que participan en la acción.

La novela, que posee un estilo que puede tildarse de barroco y plagado de preciosas imágenes -algunas de corte lorquiano- somete la acción narrativa a los designios de un mundo determinista del que es imposible escapar. Así, Dingo emprende la huida del la realidad a través de la imaginación, del carnaval para, posteriormente, acometer una huida real que se inicia con un hecho vergonzante y que resulta fallida. Años después el destino devuelve al prófugo de forma violenta, pues como apunta José Mas, tras arrollar a un niño con su carro, éste ‘se precipita hacia la plaza de Artámila [y] el personaje se siente reabsorbido por el torrente de la desgracia, del que inútilmente trató de huir siendo muchacho’. Así, la muerte se perfila como única vía posible de evasión y está contemplada desde una perspectiva esperanzadora que puede liberar al hombre de sus más pesadas cargas.

Es muy interesante la apreciación que el crítico antes mencionado realiza de los personajes de la literatura de Matute, pues considera que son ‘niños precozmente crecidos para el sufrimiento, o adultos adaptados que ostentan en el alma la marca añorante […] de una niñez perdida’. Quizá, uno de los rasgos más importantes de estos personajes sea la terrible soledad en la que se encuentran inmersos y de la que tampoco es sencillo huir.

La propia Ana María Matute ha asegurado que escribe para ser libre porque quizá también sienta ella esa opresión determinista que atenaza a los personajes de la obra. Fiesta al noroeste es una obra esencial en la literatura española de la segunda mitad del siglo XX y una puerta para introducirse en el mágico mundo de la autora. Que Estados Unidos tuviera que enseñarnos a los españoles -como en tantos otros casos- que Ana María Matute es una excelente escritora debiera hacer pensar a algunos críticos lo banales que pueden llegar a ser algunas de sus improcedentes aserciones.

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