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La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela

1. Breve biografía del autor.
Camilo José Cela nació en Iria-Flavia (La Coruña) en 1916. Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas. Con La familia de Pascual Duarte (1942) revoluciona la literatura de la época franquista instaurando un nuevo estilo narrativo. El 26 de mayo de 1957, Cela ingresa en la Real Academia de la Lengua ocupando el sillón ‘Q’. El que fuera censor durante el franquismo gana el Premio Nacional de Literatura con Mazurca para dos muertos (1983). En 1989 se le concedió el premio Nobel de Literatura y la popularidad de Cela crece tremendamente en la década de los 90 por sus continuas apariciones en televisión como contertulio de la ‘Tertulia de Hermida’. Otras obras del autor son: Pabellón de reposo (1943), La colmena (1951), San Camilo 1936 (1969), Cristo versus Arizona (1988). Con su obra La cruz de San Andrés (1994) -que además fue Premio Planeta- se originó un enorme revuelo al ser acusado, el bueno de don Camilo, de plagio por Carmen Formoso en una época en la que los denominados ‘negros de la literatura’ parecían demandar más atención. Camilo José Cela falleció en 2002.

2. Contexto literario de la obra.
Comienza la década de los 40 con un tímido despertar de la narrativa, pues la guerra supuso -lógicamente- un parón casi total en la producción literaria española. Es en 1942, con La familia de Pascual Duarte, cuando podemos decir -sin temor a equivocarnos- que comienza la novela española de posguerra. La obra que nos ocupa tuvo muchas dificultades para ser publicada debido a la censura impuesta por el régimen franquista y obtuvo gran éxito de público y crítica. Comienza una época difícil para la literatura en la que autores como Concha Espina, Torrente Ballester, Rafael García Serrano o Juan Antonio Zunzunegui intentarán esquivar la deplorable censura de la dictadura para publicar sus obras.

3. Comentario de la obra.
La novela, una amarga rememoración autobiográfica desde la cárcel, tiene reminiscencias de la literatura picaresca. Los hechos que se nos narran nos llegan por medio de un transcriptor, esto es, alguien que ha fijado la historia de Pascual Duarte y que razona acerca de ella y de su personaje, dibujando así un marco en el que se encuadra la trama de la novela. Paul Ilie resalta que ‘la publicación de unas memorias exige dos motivaciones: la razón por la que fueron escritas y lo que hace que salgan a la luz’. El lector no tiene a su disposición las memorias completas de Pascual Duarte, por el contrario, como proponen Urrutia y Zamora Vicente, únicamente disponemos de la selección de momentos en la vida del protagonista que le interesan al transcriptor para argumentar su propósito, que no es otro que dar a conocer un modelo de conducta execrable. En las memorias, es el propio protagonista quien reflexiona sobre sus brutales actos y sobre lo que le llevó a cometerlos.

Don Camilo afirmó que ‘cuando un sitio huele a algo, la solución no es oler más fuerte, sino oler a otra cosa’. Efectivamente, desde una postura radicalmente opuesta a la euforia de los vencedores de la contienda civil, Cela nos propone un viaje a la España profunda bajo el prisma de lo que se vino a llamar ‘Tremendismo’ o ‘Neorrealismo’ o ‘Miserabilismo’ junto con otras denominaciones de escaso acierto, en palabras de Cela -mejor que de nadie- ‘una sanguinaria caricatura de la realidad, no su sangriento retrato’. A través de esta corriente estilística se narran los hechos con una especial crudeza, una crudeza -no lo olvidemos- tintada de esperpento. Quizá fuesen los horrores vividos por este grupo de autores durante la guerra civil los que propiciasen la perspectiva descarnada, brusca, ruda y despojada de afecto. La familia de Pascual Duarte es una novela dura, que muestra sin tapujos de ningún tipo los bajos instintos del ser humano. Lo cierto es que este mal entendido modelo estilístico iniciado con Cela se prodigó en demasía durante la década de los 40 hasta agotarlo. Algunos críticos como Sopeña llegarán a decir: ‘basta ya de novelas con monstruos, prostitutas, pervertidos y náuseas’. Sí tenemos la certeza de que esta novela -aún gozando desde siempre de mucha popularidad- ha sido mal entendida por muchos (y no solo en cuanto a su estilo) ‘a pesar del carácter de hiperbólica farsa que ofrecía la obra, en la que muchos quisieron ver una trascendencia ética y hasta metafísica’, como nos apunta García López. Cela, de modo bastante airado, lanzaba un dardo envenenado: ‘En La familia de Pascual Duarte quise ir al toro por los cuernos […] Los novelistas de receta, al ver que había tenido cierto buen éxito, el cierto buen éxito que pueda tener un libro en un país donde la gente es poco aficionada a leer, empezaron a seguir sus huellas y nació el Tremendismo’.

El lenguaje de la obra es ciertamente expresivo e intenta acercar al lector al mundo rústico. Las palabras y los giros lingüísticos están cuidadosamente seleccionados para que sintamos ese sabor terruño tan característico de las gentes que pueblan la novela. Un lenguaje vivo, con chispa que hace que el lector devore las páginas con fruición.

Camilo José Cela puede estar orgulloso de haber escrito una novela como La familia de Pascual Duarte, aunque airadamente afirmaba el autor que esta obra ‘no tuvo jamás ni un solo premio; cuando la presenté al Premio Nacional de Literatura José Primo de Rivera, en 1943, me devolvieron el ejemplar sin abrir’. Para que luego digan.

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