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Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

1. Breve biografía del autor.
Gabriel García Márquez nació en Aracataca (Colombia) en 1928. Como periodista ha viajado por medio mundo. Comenzó escribiendo cuentos a finales de los cuarenta, pero será La hojarasca (1955) su primera novela publicada, y si bien, pasó desapercibida en un primer momento, posteriormente, la crítica ha vuelto a ella para estudiarla como se merece. García Márquez es uno de los escritores que impulsó lo que se conoce como el ‘Boom de la Literatura Hispanoamericana’ en los 60. Cien años de soledad (1967) es su obra más famosa y ha sido traducida a más de 37 idiomas. Gabo -como se le conoce popularmente en el mundillo literario- obtuvo el Premio Nobel en 1983 y en los años noventa declinó la posibilidad de recibir el Premio Cervantes pues consideraba que había otros escritores menos famosos y más necesitados de reconocimiento. En la actualidad, existen rumores que aseguran que el escritor está gravemente enfermo pero éstos han sido siempre desmentidos por fuentes oficiales. Otras obras del autor son: El coronel no tiene quien le escriba (1961), La mala hora (1962), Los funerales de la Mamá Grande (1962), Crónica de una muerte anunciada (1981), Del amor y otros demonios (1994) o Noticia de un secuestro (1996).

2. Contexto literario de la obra.
En los años 60 asistimos a una verdadera explosión de la literatura en Hispanoamérica. Comienza un periodo muy fructífero que nos regalará muchas de las mejores páginas que jamás se hayan escrito en español, aunque hemos de reseñar que antes del ‘Boom’ ya se habían hecho grandes avances en el campo de la narrativa protagonizados por escritores como Horacio Quiroga. Una nueva forma de narrar aparece. Hasta el momento, los personajes estaban rodeados por la inmensa y sobrecogedora naturaleza americana, con la literatura del ‘Boom’, se prefieren espacios urbanos para el transcurso de las narraciones. Hay un deseo de denuncia social (que ya había hecho acto de aparición en la novela indigenista y en la novela de la Revolución) pero ahora, el maniqueísmo desaparece y los personajes son más profundos y complejos. Quizá, la característica fundamental con la que el público identifica a la narrativa de este periodo sea la aparición del realismo mágico o lo real maravilloso.

3. Comentario de la obra.
García Márquez tardó veintiséis años en escribir Cien años de soledad. Mario Vargas Llosa, ex-amigo íntimo de Gabo (las relaciones entre ambos  han estado rotas durante muchos años) calificó esta obra como el Amadís de América. ‘Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota que su padre lo llevó a conocer el hielo’… Es ésta, una da las frases más famosas de la literatura escrita en español. Así comienza Cien años de soledad, una novela total que narra, no sólo, la historia de un pueblo colombiano, sino -por extensión- la historia de toda Hispanoamérica. Entre los temas que aparecen en la novela se hallan el descubrimiento de América, el dominio de la naturaleza, la explotación del ser humano, la revolución de la masa campesina y, sobre todo, la derrota que ésta sufre. Todo gira en torno a Macondo y a los Buendía, una familia marcada por la desgracia. Cada uno de los personajes que continúan la línea genealógica de los Buendía no hace otra cosa que confirmar su aciago destino. Sólo el último Aureliano Buendía constata que la Historia ha vencido. Cuando éste descifra por fin los pergaminos de Melquíades comprende que está leyendo la historia de su familia y ésta durará lo que dure la lectura; tal y como podemos leer en el libro, ‘todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra’.

El universo narrativo de Macondo está ya esbozado en La hojarasca. La ruina final de Macondo es una alegoría de la ruina del mundo. García Márquez ha creado -a semejanza de otros escritores tales como Faulkner y su condado de Yoknapatawpha- un espacio narrativo imaginario. Además, Gabo inventa un lenguaje completamente nuevo, que según Bellini, ‘inaugura una nueva época del castellano en cuanto a perfección y eficacia representativa’.

Lo real maravilloso -como lo denominó Alejo Carpentier- está presente en toda la obra resaltando y afirmando lo real. El realismo mágico era considerado por Julio Cortázar a partir de la analogía que se da entre el simbolismo y la prolongación del método mágico en el hombre primitivo. Es decir, tenemos que acercarnos a lo mágico -sin menospreciar los avances científicos- para desentrañar algunos de los misterios que la realidad esconde. En Cien años de soledad se describen los elementos maravillosos con total normalidad y esto choca con los preceptos que dicta la literatura fantástica, puesto que -en ella- los hechos extraordinarios se manifiestan con extrañeza. Lo real maravilloso tiende, pues, a una interpretación simbólica. Lamentablemente, lo real maravilloso ha sido explotado hasta la náusea; tanto que se quedó en un estilo vacuo y fútil. Actualmente la narrativa hispanoamericana ha dejado atrás el realismo mágico, pues ya no da más de sí, buena prueba de ello son los nuevos escritores de lo que se ha venido a llamar el ‘crack mexicano’.

Finalmente, hemos de reseñar que aparece en Cien años de Soledad una diversidad tal de motivos que nos lleva en muchos casos a la intertextualidad con otras obras de Gabriel García Márquez, algo que no es infrecuente en la narrativa del ‘Boom’.

Recuerdo unas palabras de Ignacio Escobar López publicadas a propósito de Cien años de soledad en ‘El Tiempo’ (Bogotá, 1968) en el que decía: ‘¡Cuántas [obras] causaron en su época gran bullicio, para desaparecer luego como pompas de jabón!’. Sin duda alguna Cien años de soledad no es, en modo alguno, una pompa de jabón.

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