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El bosque animado, de Wenceslao Fernández Flórez

1. Breve biografía del autor.
Wenceslao Fernández Flórez nació en La Coruña en 1885. Comienza escribiendo colaboraciones en el periódico ‘La Mañana’. A partir de aquí cultivará todos los géneros literarios. Escribirá en varios periódicos y llegará incluso a dirigir ‘El Diario Ferrolano’ cuando contaba únicamente con dieciocho años. Durante estos años publica una novela corta La procesión de los días (1914) y más tarde El hombre que compró un automóvil (1932). Este escritor fue de las pocas personas que tuteaba a Franco en público y era amigo personal de la familia del dictador. Fernández Flórez se traslada a Madrid y tras trabajar durante poco tiempo en la Dirección General de Aduanas colabora en varios periódicos de línea conservadora y alguno algo más liberal. Finalmente se incorpora a la redacción de ABC. Walt Disney se interesó por El bosque animado (1943) para hacer una largometraje de animación. En España ha sido llevada al cine en dos ocasiones. Otras obras del autor son: A miña muller (1924), O ilustre Cardona (1927), La tristeza de la paz (1910), Tragedias de la vida vulgar (1922), Unos pasos de mujer (1924) y La casa de la lluvia (1925).

2. Contexto literario de la obra.
Como señala José-Carlos Mainer, ‘el panorama literario del final de la guerra civil era desalentador’, casi todos los escritores de renombre estaban en el exilio y únicamente se quedaron los que se unieron al Régimen de forma forzosa (como así se apunta en los últimos estudios literarios sobre el poeta Manuel Machado) o porque participaban de las ideas impuestas por el totalitarismo, como Rafael Sánchez Mazas, fundador de la Falange Española. El ritmo literario se reanuda con cierta timidez pero con obras importantes como son La familia de Pascual Duarte (1942) de Camilo José Cela o Cristo en los infiernos (1943) de Ricardo León. Podemos considerar que la narrativa se recupera definitivamente con la creación del Premio Eugenio Nadal que ganó en su primera edición Carmen Laforet con Nada (1945).

3. Comentario de la obra.
Un lenguaje muy expresivo y poético impregna El bosque animado. Esta preciosa obra es una llamada de atención, una advertencia contra la alienación. El Menosprecio de corte y alabanza de aldea que F. Antonio de Guevara escribiera en el siglo XVI constituye la base de esta magnífica novela. La vida en el campo es vista como más ventajosa y beneficiosa que la vida en la ciudad, el trabajo realizado por los agricultores es, en palabras del autor, ‘la más natural y menos corruptora’ de las actividades humanas. Sin embargo Fernández Flórez matiza, porque El bosque animado es una crítica muy aguda para con la clase popular gallega que, sometida a un régimen de corte feudal, se caracteriza por la tacañería, el egoísmo y la hipocresía. Así pues, la acción humana rompe la armonía que reina en el mundo natural, mancillándola. El progreso aliena, la vida del campo comienza a corromperse cuando, tras probar los avances técnicos, las gentes reniegan de la vida tradicional para sumarse al carro del progreso, y es que, las ciencias avanzan una barbaridad.

Como muy acertadamente apunta Francisco Juárez en su magnífica edición de la obra, El bosque animado es una obra mosaico que emplea una técnica similar ‘a la de los novellieri italianos, que [posteriormente daría lugar] a las ‘novelas marco’ de los Siglos de Oro, en las que sucesivos episodios se articulan en torno a un núcleo temático’. Efectivamente, alrededor de la ‘fraga de Cecebre’ pululan multitud de seres. Fernández Flórez da voz a los animales, acercándose así a la fábula. Nosotros, infames intrusos, nos asomamos a la vida en la fraga y, anonadados, contemplamos del mundo natural desde su interior, mientras se abren en nuestra mente nuevos caminos cognitivos que darán una dimensión nueva a nuestra concepción de la naturaleza. Este nuevo punto de vista consigue sorprendernos en no pocos momentos y sírvanos ahora de ejemplo la Estancia XV en la que las truchas se indignan ante los medios empleados por el pescador para apresarlas.

La fraga es ‘un tapiz de vida apretado contra las arrugas de la tierra’, es un lugar bucólico que se acerca al locus amoenus renacentista, emanando pureza. Fernández Flórez considera que el hombre es un intruso porque ‘cuando el hombre entra en la fraga, la fraga cambia. Muy pocos pudieron verla tal y como es, y ninguno lo ha contado’. Así, el hombre es visto como elemento desestabilizador. El hombre trae el progreso y éste es totalmente incompatible con la naturaleza. La doble muerte de uno de los personajes principales de la obra tiene una razón de ser. En una obra que derrocha magia y fantasía, el fallecimiento de Geraldo en el mundo de los vivos requiere otra muerte en el mundo fantástico de la fraga, siendo este uno de los pasajes más bellos de la novela.

Wenceslao Fernández Flórez propone una simbiosis que es reflejo fiel del alma gallega. La superstición, la fantasía y algunas otras creencias populares se funden con la realidad. Todo esto está aderezado con mucho humor, un humor que raya -en algunos momentos- lo sarcástico, consideremos a modo de ejemplo el robo que el bandido Fendetestas lleva a cabo y en el que su víctima -que por otro lado es un amigo- le regatea lo que le ha de robar.

Tras leer la obra, nuestra visión del mundo natural habrá cambiado, todo lo que considerábamos impersonal, adquiere para nosotros una razón de ser; surge un mundo de conocimiento, un mundo que quizá nunca antes nos paramos a contemplar en su justa medida y que gracias a Fernández Flórez hemos comenzado a comprender mientras, maravillados, nos internamos en la fraga de sus palabras.

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