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Dança general de la muerte, anónimo

1. Breve biografía del autor.
Muchas son las incógnitas que existen hoy en día sobre las danzas de la muerte, además, no sabemos ni la fecha ni el origen de estas danzas. Tampoco está definido su género ni la relación entre los diversos ejemplos de las composiciones afines. Algunos críticos, como Wackernagel y Seelman, dicen que el género se basa en ciertas representaciones teatrales que habrían derivado de los sermones mediante un enriquecimiento dramático paulatino. Esta teoría de carácter teatral, muy lógica, no tardaría en ser rechazada, pues se encontró, en el denominado Codex Palatinus 314, el texto original, una composición escrita en latín titulada Dum mortem cogito crescit mihi causa doloris probablemente recopilada entre los años 1443 y 1447. La Dança general de la muerte procede del citado Dum mortem cogito crescit mihi causa doloris y se conserva en un códice que posee carácter misceláneo, pues también contiene otros textos como, por ejemplo, los Proverbios morales de Sem Tob. Las danzas de la muerte se mantuvieron vigentes durante cuatro siglos, es decir, hasta finales del XVIII.

2. Contexto literario de la obra.
La aparición de las danzas guarda una estrecha relación con las circunstancias de este periodo histórico. La vida se entendía como un tránsito individual y la muerte era un final liberador de una vida llena de miserias. Durante el siglo XIV (finales de la Edad Media) tiene lugar una profunda crisis de valores en Occidente. La aristocracia se rebela contra el autoritarismo monárquico y las numerosas guerras dejan miles de muertos. Además, Europa sufre grandes hambrunas y enfermedades que, como la peste, merman la población. De este modo, se produce una sensación universal de caducidad de lo terreno y reina el pesimismo general. Estas danzas se basan en ‘la danza de las esferas’: el hombre medieval creía que el universo estaba organizado bajo dos aspectos: una jerarquía y una danza, ambas cuestiones están reflejadas en las danzas de la muerte.

3. Comentario de la obra.
La obra comienza con un prólogo (el sermón de un fraile) que sirve no sólo para anunciar el tema que se va a tratar sino también para señalar los motivos fundamentales que se desarrollarán a lo largo del texto y que se imbrican totalmente en la cosmovisión que tenía el hombre medieval: la brevedad de la vida es común a todas las personas; necesidad de escuchar a los sabios predicadores, seguir su buen consejo y la inevitabilidad de la muerte. Tras esto, se inician las 79 coplas de arte mayor, poseedoras de una rima relativamente irregular, que componen el poema. Abre la Muerte de un modo particularmente efectista que, a buen seguro, dejaría patidifusos a los asistentes a una hipotética representación: ‘Yo soy la muerte çierta a todas criaturas’ para proseguir con un parlamento que insiste en el tempus fugit (brevedad de la vida). Realmente, hasta la estrofa novena no comenzará la danza como tal. La muerte se hace acompañar de dos doncellas a las que llama ‘esposas’ y ante ellas tiene lugar la danza a través de una procesión de personajes de la más variada condición. Cada uno de estos personajes mantiene un pequeño diálogo con la Muerte. Una vez terminado el desfile de gentes, la Muerte se dirige en la última copla ‘a todos los que aquí non he nombrado / de qualquier ley e estado o condición, / les mando que vengan muy toste, priado, / a entrar en mi dança sin escusaçión’.

La estructura está bien cuidada y tratada. En las obras medievales, la originalidad temática no era tenida en cuenta por los autores, sin embargo, la estructura (dispositio) fue uno de los grandes aspectos en los que las artes poéticas y retóricas insistían constantemente. De este modo, las víctimas de la muerte pertenecen a dos jerarquías que aparecen de forma alternada (eclesiásticos y legos), algo que se rompe al final del texto cuando aparece el rabí y el alfaquí. Llama poderosamente la atención que la concepción que los personajes tienen de la muerte sea tan poco cristiana; de hecho, sólo el ermitaño y el labrador la consideran como una esperanza. Para el resto, es un pórtico del infierno y la miran con notable angustia.

Mucho se ha debatido sobre si la Dança general de la muerte es o no un drama que pudiera haber sido representado. Durante el siglo XIX así se creyó, pero ya en el XX, la opinión más extendida es que estamos ante un poema dialogado, aunque se acepta que debió ser difundida oralmente con ingredientes varios, tales como bailes y gestos. Con todo, su clasificación dentro de un único género no parece sencillo y es una cuestión que aún hoy sigue dando que hablar.

La Dança general de la muerte es una obra menor sorprendente que, como dice Ana Mª. Álvarez Pellitero, desde un propósito moralizador, ‘rompe el rígido esquema del sermón escolástico medieval y lo flexibiliza en las más variadas direcciones de contenido y forma, poniendo especial énfasis en la denuncia del poder y del dinero’. Aún siendo una obra con seis siglos de antigüedad, no estaría de más que alguno por ahí tomara buena nota de lo que aquí se habla.

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