Posts tagged with 'sociedad-española'

La tertulia de Hermida

A comienzos de los años 90 cursaba yo bachillerato en un instituto del extrarradio de Madrid y no tenía ni la más remota idea de por dónde iban a ir mis pasos. Acabadas las clases diarias, comía a toda prisa en la cocina para encender la televisión y ver la tertulia que, cada día, organizaba Jesús en su plató.

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Fuga de cerebros - Sara Alvira de Celis

Muchos de mis alumnos de bachillerato barajan centrar sus carreras en el ámbito científico. Con el objetivo de que conozcan un poco mejor la realidad de los científicos españoles, le pedí a Sara Alvira de Celis, una investigadora del CSIC que tuvo que emigrar para poder proseguir su carrera, que nos concediera una entrevista.

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Halloween en la aldea global

Hace unos días y a raíz de una conversación con un conocido sobre la lógica de celebrar Halloween en España, escribía yo en Twitter que no veía pertinente discriminar una festividad por el mero hecho de pertenecer a otra cultura.

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Un nuevo periódico: Información Sensible

Mi gran amigo Daniel Montero, periodista de investigación, (Interviú, La 1, Telecinco, Sexta y autor de La casta) abre el que será, sin duda, a partir de hoy, uno de los medios de comunicación de referencia: Información Sensible. Este nuevo periódico digital es una nueva forma de entender los medios y la relación entre periodistas y ciudadanos. Una apuesta por el periodismo de calidad y por la información libre, sin cortapisas ni intermediarios, que ahora se ha hecho posible gracias a las nuevas tecnologías.

Para presentar la filosofía del proyecto se ha editado este vídeo que constata un nuevo modelo de negocio que se adapta a los nuevos tiempos y revitaliza el periodismo.

IS tiene como único requisito que la información publicada sea de interés general, veraz, contrastada y, lo más importante, independiente sin importar de a quién afecte. De hecho, detrás de Información Sensible no hay grupo de poder alguno. No hay bancos, ni intereses políticos. No hay más que un colectivo de personas interesadas en crear una plataforma donde la información sea libre y donde los periodistas puedan hacer su trabajo sin presiones.

Conociendo como conozco a Daniel Montero y sabiendo cómo trabaja, estoy convencido de que Información Sensible dará mucho que hablar en los próximos meses.

Enlace | Información Sensible

Usted no es dueño de lo que ve

No entiendo que las administraciones públicas tengan, protegidos por los anticuados y rígidos derechos de autor: páginas web, fotografías institucionales e importantes documentos, a pesar de haber sido pagados con el dinero de todos los contribuyentes. Se supone que las administraciones están al servicio del ciudadano y deberían dar el máximo servicio incluyendo, claro está, la libre utilización de los textos y las imágenes que distribuyen. Es incomprensible para mí que, por ejemplo, la web de un ayuntamiento esté protegida por los derechos de autor. No le veo ningún sentido.

Tampoco es de recibo que la Real Academia impida enlazar directamente al contenido de cualquiera de sus sitios web. ¿Es así como se pretende afianzar el crecimiento del español en el mundo y convertirnos en una lengua de ciencia en lugar de ser una lengua utilizada, sobre todo, para comentar actividades cotidianas? Esto es algo que también pasa en el mundo del periodismo: los periódicos han querido, durante mucho tiempo, que Google les pague por poner enlaces directos a los artículos. Como digo, de locos.

La manía por colocar a todo lo que se publica el infame simbolito de la ‘c’ enjaulada en un círculo llega a la locura enfermiza cuando se prohíbe, por ejemplo, sacar fotografías en numerosos lugares debido a las razones más peregrinas (dudo que los flashes de las cámaras fotográficas dañen los candelabros de las iglesias o los muebles de las casas museo, por poner sólo dos ejemplos) y no creo que vaya desencaminado del todo cuando digo que el verdadero motivo está en la venta de libros con buenas fotografías (hechas con flash, faltaría más) y de las licencias de reproducción de las mismas.

El delirio en el uso del copyright llega cuando se prohíbe a los ciudadanos tomar fotografías en la vía pública por la incomprensible razón de que la fachada de tal o cual edificio está protegida por los derechos de autor. Pero, digo yo, ¿qué tiene que ver ese edificio con mi foto? Esto, con todos mis respetos, es censurar al ojo que ve. Las fotografías son una interpretación de la realidad, una visión personal, no son una copia (aunque, en este blog, ya he dicho en otras ocasiones que copiar es, simplemente, duplicar algo, no tiene connotaciones negativas, tampoco positivas). Copiar es el primer paso para avanzar, para innovar, revolucionar las ideas, el arte o la sociedad.

En otros lugares turísticos, son un poco más coherentes y sí nos dejan hacer fotografías pero no podemos venderlas si no nos dan permiso. ¿Nos hemos vuelto locos? Muchos de esos lugares han sido construidos, restaurados, acondicionados con dinero procedente de nuestros impuestos y me reitero, una fotografía es una obra independiente, otra visión de la realidad diferente de la del arquitecto que hizo un edificio determinado. La lógica dice que un fotógrafo podría hacer lo que quisiera con esa fotografía sin tener que pedir permiso a nadie puesto que es obra suya, no está haciendo ninguna réplica de dicho edificio en un solar, lo que tampoco sería negativo, ni punible, a mi modo de ver, otra cosa muy diferente es la cruda realidad.

Un autor es libre de poner la licencia que crea más apropiada a su obra, ya sea la protección total por las leyes de protección de la autoría intelectual o una licencia Creative Commons, lo que no es lógico es proteger con copyright obras pagadas por los ciudadanos o que persigan el bien social, no es lógico pretender tener autoridad legal sobre el ojo que ve.

Ahora, si no están de acuerdo, tienen permiso para despellejarme en los comentarios.

Los territorios históricos

Anoche, en cierto momento del ‘Debate a cinco’ que emitía RTVE, uno de los políticos que allí opinaban sobre quién merecía recibir los votos de los ciudadanos pronunció una expresión que ya había oído otras veces pero que nunca me había parado a analizar: ‘territorios históricos’. Sin duda, una forma muy curiosa, además de manipuladora, pretenciosa, falsa y discriminatoria de referirse a determinadas comunidades autónomas.

En un continente como el nuestro, en el que varias civilizaciones han tenido su lugar, en el que han nacido y han caído grandes imperios, en el que han sucedido acontecimientos que han cambiado el rumbo de la humanidad, querer separar regiones a partir de la historia es poco menos que una falacia.

Estamos ante un sintagma nominal sencillo en su construcción pero peligroso y embaucador en su semántica. El núcleo, la palabra ‘territorios’, evita traer a la conversación palabras, como ‘país’ o ‘nación’, términos que suscitaron agria polémica en los últimos años, sobre todo, cuando se revisaron los estatutos de autonomía y que su uso complicaría la aceptación general de esta etiqueta.

‘Territorios históricos’ contiene un rasgo que marca una línea divisoria ficticia e irreal que separa a unas regiones del resto siguiendo un rasero pretencioso, inventado y sustentado sobre una base falsa. Nuevamente, los políticos se ocupan más de dividir que de unir ya que pueden obtener de ello mejores rentas electorales. Al utilizar esta nueva denominación, no se habla de  comunidades autónomas porque eso iguala las regiones y las dota de los mismos derechos según nuestra Constitución. Por el contrario, se ha conseguido inventar una etiqueta que pretende conseguir una ventaja discriminatoria sobre otras regiones. Tal es así, que el adjetivo elegido para calificar a la palabra ‘territorios’ ha sido seleccionado con maldad e inteligencia a partes iguales: ‘históricos’ porque tiene la fuerza suficiente como para seducir y embriagar con sus cantos de sirena a otras regiones que quieran mirar por encima del hombro al resto. Como todas las comunidades autónomas y provincias de nuestro país tienen una larga historia en su haber, todas caben bajo el paraguas que otorga esa etiqueta inventada y, desde el momento en el que manifiesten su adhesión, asumirán de forma consciente (o inconsciente) las reivindicaciones de los inventores y defensores de la expresión ‘territorios históricos’, discriminando a todas aquellas regiones que, teniendo el mismo fondo histórico, no compartan la filosofía y los planteamientos del grupo amparado por la nueva etiqueta. Éstas quedarán en una situación de desventaja.

Mucho hemos de cuidarnos los ciudadanos de los mensajes que recibimos tanto por parte de la clase política como de la publicidad. Nada es dejado al azar y siempre hay una voluntad de seducción que intentará cambiar nuestros planteamientos, en muchos casos, sin que seamos conscientes de ello. Seguiré, en este blog, comentando todos los casos que vaya encontrando.

Otras entradas sobre la manipulación del lenguaje:

Créditos de imagen | Google Maps

El uso perverso y seductor de las palabras

La magnífica entrada de hoy de Ignacio Escolar me ha traído a la memoria algunos de los fantásticos libros que Álex Grijelmo publicó sobre el uso pretencioso del lenguaje por parte de la clase dominante. Se trata de dos libros de obligada lectura para todo aquél que ame nuestro idioma: Defensa apasionada del idioma español y La seducción de las palabras. Aunque el primero de ellos fue publicado hace ya unos años y el panorama lingüístico ha cambiado bastante, es una de esas obras que agitan la conciencia de uno. Según se avanza en la lectura, el corazón se acelera por la trascendencia de sus exposiciones, por los éxitos de nuestro idioma pero también por los peligros y las tensiones a las que se ve sometido. El autor nos dice que es una defensa apasionada y vaya si lo es porque, tras haberlo leído, es imposible no tomar partido. La segunda de las obras mencionadas antes está dedicada a la manipulación de la conciencia social a través del lenguaje, el análisis que hace Grijelmo es tan directo que el lector despierta violentamente del dulce sueño de mentiras y engaños en el que se encontraba. Lo consigue exactamente igual que lo hace Ignacio Escolar en el día de hoy. Me permito la licencia, y  discúlpenme por ello, de fusilar íntegra la entrada que nos ocupa porque es para enmarcarla y colgarla en un museo.

La escritura no nació ni para la poesía ni para la ciencia ni para las cartas de amor. Como decía el antropólogo Claude Lévi-Strauss, ‘la función principal de la escritura antigua era facilitar la esclavización de otros seres humanos’. Al igual que otras tecnologías, la bendita palabra escrita se inventó como una herramienta de dominación: como un instrumento al servicio de los reyes y sacerdotes sumerios, que usaban a sus escribas para cobrar impuestos, contar esclavos, sacos de trigo y cabras, y administrar un imperio en expansión.

El arte y el conocimiento llegaron a los libros mucho después. Pero los usos perversos del lenguaje como palanca para el control social aún siguen ahí, aunque ahora el más preocupante es otro: la propaganda. Cualquier manipulación empieza siempre en el diccionario. Por eso llaman ‘gasto’ al dinero invertido en guarderías, o en salud, o en pensiones, pero califican como ‘inversión’ a cualquier presupuesto empleado en infraestructuras, aunque sean tan inútiles como esos trenes AVE que hasta hace nada circulaban casi vacíos entre Toledo y Albacete.

La última de esas trampas en la lengua aún no está en el diccionario de la RAE, pero ya es de uso común: el ‘copago’. Nombran así a un modelo de sanidad pública como el que ahora estrenará Italia: 25 euros por cada visita a urgencias, otros 10 por cada cita con el especialista. Lo llaman copago y no lo es: la palabra correcta sería ‘repago’ porque la sanidad ya la pagamos a través de los impuestos. El llamado copago consiste, para entendernos, en que paguen más por la sanidad los enfermos, y no los que más ganen. Es un impuesto indirecto que grava a la enfermedad y a la vejez.

Fuente | Escolar.net