Posts tagged with 'semántica'

10 palabras que no usabas cuando no existía internet

Sirva este post para dar una visión, hasta cierto punto irónica y poco académica, del modo de vida de muchos de los usuarios que pueblan la red de redes y, también, para dar algo de información semántica del nuevo léxico que, con inusitada rapidez, se ha instalado en nuestra forma de hablar en un momento histórico en el que parece apreciarse cómo personas de todo el mundo usan todo este nuevo vocabulario de un modo similar. Tómese éste como un post desenfadado que desea, más que nada, acercar al lector al nuevo léxico de internet con una sonrisa.

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Soy otro garajero

Hace unos días, estaba escuchando una entrevista que le hacían a Jon Cortázar en el último RetroMadrid, un desarrollador muy conocido en la escena indie, cuando di un respingo al escuchar una palabra que yo no había usado nunca pero que, de forma más o menos inconsciente, siempre había sentido como mía: ‘garajero’.

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Tu lenguaje te define

Caminando por la calle uno se puede hacer una idea del nivel educativo y socio-económico de las personas con las que se cruza únicamente con escuchar cómo están hablando. Aunque muchos no lo crean así, el lenguaje nos define mucho más de lo que lo hace la apariencia.

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Manipulación lingüística: becario con experiencia

Es muy fácil que las palabras que se usan gratuitamente queden contaminadas por significados que se alejan de su concepción original. En el caso de manipulación lingüística que nos ocupa, podemos definir ‘becario’ como ‘aquel universitario que completa su formación académica participando en un programa que le ofrece, durante un corto periodo de tiempo, un trabajo en empresas adscritas por el que recibe un pequeño salario’. Hasta aquí todo claro, sin embargo, son conocidos por la ciudadanía los excesos que algunas empresas han cometido con los becarios en las últimas décadas. Para este post quiero mostrar un sangrante ejemplo de manipulación lingüística:

Cierta empresa, muy conocida, publicaba hace unos meses el anuncio que está sobre estas líneas en su página de Facebook. La empresa buscaba ‘becari@s con conocimientos previos en logística y HTML’. Dado que un becario no ha trabajado nunca (por lo que no tiene experiencia laboral alguna) y participa en el programa para obtener, precisamente, esa experiencia práctica del área que está estudiando, es imposible que encuentren a un candidato que se ajuste a lo que buscan.

Así pues, lo que tendría que decir el anuncio debería ser algo como ‘estamos buscando profesionales que sepan que no van a ganar mucho dinero con nosotros y que tengan experiencia en logística y HTML’. ¿Este anuncio fue un lapsus del Community Manager o contenía una intención encubierta utilizando la seducción de la palabra ‘becario’?

Manipulación lingüística: La piratería

En los años 80 se popularizó el término ‘pirata’ para referirse a toda aquella persona que copiaba un disco, un programa, un videojuego, etc. La compartición entre usuarios amenazaba el control que la industria de los contenidos ejercía sobre el mercado y ésta no estaba dispuesta a permitirlo. Para conseguir sus objetivos, puso todos los medios a su alcance. Entre otras acciones reprobables, se permitió el lujo de calificar a los ciudadanos de ‘ladrones’ con un término muy gráfico y representativo: ‘piratas’. Muchos usuarios aceptaron, sin pensar demasiado, el calificativo. Nació así un nuevo concepto completamente artificial e inventado: el de ‘piratería de contenidos digitales’.

Un pirata es una persona cruel y despiadada que roba y mata en el mar. Los ciudadanos que comparten conocimiento no son ni ladrones, ni crueles, ni despiadados, tampoco. De todos es sabido que el número estimado de copias hechas -de un disco, por ejemplo- no es equivalente al mismo número en ventas.

Copiar es copiar, no es robar. Copiar es, simplemente, duplicar algo, no tiene ninguna otra connotación, ni negativa, ni positiva. Llamar piratería a copiar algo es una vileza y una maldad. El que copia no es un pirata y la piratería, en tierra firme, no existe.

Manipulación lingüística: Víctimas colaterales

En periodos de guerra, el control de la opinión pública se convierte en una de las prioridades de los gobernantes. La verdad desaparece y las cifras siempre están maquilladas pues no conviene que los conflictos bélicos se hagan más impopulares de lo que ya son. Para conseguir que la población siga apoyando la intervención la nación en una guerra se utilizan muy diversos procesos y recursos, muchos de ellos, lingüísticos.

Uno de los más sangrantes es el de ‘víctimas colaterales’ un eufemismo muy descarado para decir ‘asesinato de civiles’, generalmente niños, mujeres, ancianos y personas que nada tienen que ver con el ejército. Son un grupo de población que sufre el llamado ‘daño colateral’. El término ‘colateral’ saca la atención del conflicto, es marginal, tangencial, ‘lateral’; hasta parece que haya cierta responsabilidad por parte de la víctima por estar donde no debía en el peor momento posible.

En los últimos años han sido víctimas colaterales familias que celebraban bodas en Afganistán y fueron masacradas por bombas estadounidenses, niños palestinos que se encontraron en medio del fuego cruzado en Israel, víctimas de los francotiradores en la antigua Yugoslavia, periodistas que grababan desde la terraza de un hotel… Todos muertos, todos asesinados. Para referirse a ellos, tanto los políticos como los medios de comunicación prefieren decir ‘víctimas colaterales’, es mucho más cómodo despersonalizar los tremendos errores de soldados y mandos del ejército. En las ruedas de prensa, siempre se tiene la impresión de que esas ‘víctimas colaterales’ estaban ahí, donde no debían estar, su muerte fue inevitable y, precisamente por ello, la responsabilidad por haber cometido un horrendo asesinato de civiles queda diluida, convertida en humo y lo más lamentable es que nosotros, los ciudadanos, lo aceptamos sin más e, incluso, incorporamos la denominación de ‘víctimas colaterales’ a nuestro vocabulario sin plantearnos realmente su significado. El horror de la guerra suele quedar tan lejos cuando uno ve la televisión desde casa…

Créditos de imagen | Isafmedia

Los territorios históricos

Anoche, en cierto momento del ‘Debate a cinco’ que emitía RTVE, uno de los políticos que allí opinaban sobre quién merecía recibir los votos de los ciudadanos pronunció una expresión que ya había oído otras veces pero que nunca me había parado a analizar: ‘territorios históricos’. Sin duda, una forma muy curiosa, además de manipuladora, pretenciosa, falsa y discriminatoria de referirse a determinadas comunidades autónomas.

En un continente como el nuestro, en el que varias civilizaciones han tenido su lugar, en el que han nacido y han caído grandes imperios, en el que han sucedido acontecimientos que han cambiado el rumbo de la humanidad, querer separar regiones a partir de la historia es poco menos que una falacia.

Estamos ante un sintagma nominal sencillo en su construcción pero peligroso y embaucador en su semántica. El núcleo, la palabra ‘territorios’, evita traer a la conversación palabras, como ‘país’ o ‘nación’, términos que suscitaron agria polémica en los últimos años, sobre todo, cuando se revisaron los estatutos de autonomía y que su uso complicaría la aceptación general de esta etiqueta.

‘Territorios históricos’ contiene un rasgo que marca una línea divisoria ficticia e irreal que separa a unas regiones del resto siguiendo un rasero pretencioso, inventado y sustentado sobre una base falsa. Nuevamente, los políticos se ocupan más de dividir que de unir ya que pueden obtener de ello mejores rentas electorales. Al utilizar esta nueva denominación, no se habla de  comunidades autónomas porque eso iguala las regiones y las dota de los mismos derechos según nuestra Constitución. Por el contrario, se ha conseguido inventar una etiqueta que pretende conseguir una ventaja discriminatoria sobre otras regiones. Tal es así, que el adjetivo elegido para calificar a la palabra ‘territorios’ ha sido seleccionado con maldad e inteligencia a partes iguales: ‘históricos’ porque tiene la fuerza suficiente como para seducir y embriagar con sus cantos de sirena a otras regiones que quieran mirar por encima del hombro al resto. Como todas las comunidades autónomas y provincias de nuestro país tienen una larga historia en su haber, todas caben bajo el paraguas que otorga esa etiqueta inventada y, desde el momento en el que manifiesten su adhesión, asumirán de forma consciente (o inconsciente) las reivindicaciones de los inventores y defensores de la expresión ‘territorios históricos’, discriminando a todas aquellas regiones que, teniendo el mismo fondo histórico, no compartan la filosofía y los planteamientos del grupo amparado por la nueva etiqueta. Éstas quedarán en una situación de desventaja.

Mucho hemos de cuidarnos los ciudadanos de los mensajes que recibimos tanto por parte de la clase política como de la publicidad. Nada es dejado al azar y siempre hay una voluntad de seducción que intentará cambiar nuestros planteamientos, en muchos casos, sin que seamos conscientes de ello. Seguiré, en este blog, comentando todos los casos que vaya encontrando.

Otras entradas sobre la manipulación del lenguaje:

Créditos de imagen | Google Maps