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Viaje a Japón

Llevo siete años dando clase de español a alumnos japoneses y, durante este tiempo, he aprendido muchísimo de su cultura, una cultura muy diferente a la nuestra que con el paso de los años ha ido despertando en mí una enorme curiosidad hasta el punto de organizar un viaje a Japón recorriendo las principales ciudades del país. Por fin, mi sueño se ha hecho realidad.

En Tokio

Hemos viajado por gran parte del país (Tokyo, Nikko, Hakone, Lago Ashi, Kyoto, Nara, Hiroshima, Isla de Miyajima y Osaka) con el objetivo de comprender la cultura japonesa para mejorar en mi labor docente y en el servicio que les damos a nuestros estudiantes, además de, naturalmente, disfrutar del viaje. Lo primero que uno nota nada más bajar del avión es la cuidadísima relación que se tiene con el cliente y, también, con otros trabajadores sin importar el puesto o la categoría laboral. El respeto es una máxima y tanto la amabilidad como el servicio al cliente se cuidan hasta el punto de causar sorpresa en cualquier occidental. A los cinco minutos de haber aterrizado, el visitante se siente muy cómodo en un país que es muy diferente al nuestro.

Pabellón dorado - Kyoto

En Japón, cuando una persona está trabajando siempre tiene presente que sólo hay una forma de hacer las cosas y ésta es perfecta. No importa las veces que se repita la tarea, no importa si uno está cansado o no, siempre se intentará hacer el trabajo con la máxima calidad, cuidando todos los detalles. Uno no deja de sorprenderse de la eficacia y el compromiso que los japoneses tienen cuando trabajan.

El barrio de Akihabara, en Tokio

Ahora comprendo el choque cultural que sufren mis alumnos cuando visitan España. No quiero decir con esto que nuestra forma de hacer las cosas sea descuidada, más bien me refiero a lo bruscas que pueden parecerles nuestras maneras y gestos en un país que, aparentemente y bajo su perspectiva, no parece tener reglas.

Templo Kiyumizu - Kyoto

Uno de los muchos ejemplos que podríamos seleccionar de nuestra forma ‘brusca’ o ‘chocante’ de hacer las cosas es la manera de dar nuestra tarjeta de visita a otra persona, normalmente la sacamos apresuradamente de la cartera y cogiéndola con una mano solemos hacer un movimiento rápido para entregarla lo que, a sus ojos, puede parecer que casi quisiéramos deshacernos de ella. En cambio, en la cultura japonesa, uno se pone de frente al interlocutor, coge la tarjeta con ambas manos y se la ofrece (como quien ofrece lo mejor de sí mismo) al tiempo que se hace una pequeña reverencia oriental. Al mismo tiempo, quien la recibe, la coge con ambas manos haciendo también otra reverencia.

Torii de Miyajima

Como decía más arriba, son estas reglas supuestamente inexistentes las que todo profesor de español debería transmitir a sus alumnos para que no pierdan el norte y puedan comprender la cultura española de forma correcta.

A lo largo de la geografía nipona, también hay pequeñas diferencias en la forma de vivir. Mientras en Tokyo y Kyoto se cumplen estrictamente todas las normas y protocolos, en Osaka, los japoneses son algo más mediterráneos (si se me permite la comparación), algo que también es importante tener en cuenta a la hora de dar un buen servicio a nuestros estudiantes.

El castillo de Osaka

Casualidades de la vida, nuestro guía Koichi (que también es intérprete y acompaña a jefes de estado, equipos de fútbol y otras personalidades que visitan Japón) estudió en Escuela Internacional, ambos nos quedamos de piedra cuando, hablando sobre su estancia en España, nos percatamos de la increíble coincidencia.

Nuestro guía Koichi y antiguo alumno de Escuela Internacional

Este viaje me ha aportado mucho ya que he aprendido cómo se vive en este país que admiro tanto. He vuelto a España deseando regresar a Japón para seguir aprendiendo más sobre su cultura, su gente y su idioma, para seguir sorpendiéndome a cada paso, en cada conversación.

Maikos en el andén del tren bala en Kyoto Station

Alcalá de Henares

El lunes propuse a mis tres estudiantes del nivel B1 (Chisato, Makino y Natsuko) hacer un vídeo para mostrar cómo es la ciudad en la que estudian español a su familia y amigos. Les entusiasmó la idea y no tardaron en ponerse manos a la obra. Éste ha sido el resultado:

Para hacer este vídeo se invirtieron tres sesiones más seis horas que hubo que destinar al montaje. Todo el reportaje se grabó con una cámara Canon G9. En la primera sesión, las estudiantes elaboraron el guión (les llevó unos 30 minutos), en la segunda sesión, corregimos el texto e hicimos un par de ensayos (30 minutos) y, finalmente, el día de grabación invertimos casi toda la clase en rodar las diferentes tomas que componen el vídeo (1 hora y 30 minutos). Ellas prepararon muy bien lo que tenían que decir, por lo que casi no hubo que repetir ninguna toma. El resultado es, sin duda, muy satisfactorio.

La problemática vino, como en casi todas las actividades que hacen uso de las nuevas tecnologías, en el esfuerzo y en el número de horas que hay que invertir para dar forma al producto final (ya sea un blog, un periódico, un cómic o un vídeo). Esta parte de la actividad debe hacerse necesariamente fuera del horario escolar ya que hay que invertir bastante tiempo y nos hubiese retrasado mucho en el programa. Nosotros empleamos cerca de seis horas en el proceso de producción y montaje. Este tiempo puede llegar a ser muy productivo ya que los alumnos deben practicar la gramática para llevar a cabo la tarea, en este caso: imperativos con pronombres, la localización espacial y temporal y los pasados.

Por otra parte, es esencial que el profesor conozca y domine el programa informático que se está usando, un detalle que parece obvio pero que, a menudo, muchos profesores pasan por alto, está claro que deberían saber resolver cualquier dificultad que surja en el proceso de montaje.

Una vez terminado el vídeo y subido a internet, las estudiantes deben ver que el esfuerzo ha merecido la pena. Por un lado, pueden enviar el vídeo a sus familiares y amigos para demostrarles lo bien que hablan español a pesar de llevar muy poco tiempo en España. Por otro lado, si otros profesores del centro utilizan este vídeo como material didáctico en sus clases, las alumnas van a tener un merecido reconocimiento por parte del profesorado y  de sus propios compañeros.

En clase, con alumnos orientales

Hace algunos años tuve uno de mis primeros grupos de estudiantes orientales, y quizá fuese ése el grupo con el que más he aprendido en toda mi carrera profesional por la cantidad de novedades que me aportó.

Aunque, cada día me esforzaba por llevar al aula temas y actividades que siempre me habían funcionado muy bien, la clase no terminaba de ser lo que yo esperaba. Los alumnos casi no intervenían y era yo quien tenía que ir tirando de ellos para animarlos a que participasen.

Clase de alumnos japoneses y coreanos

Como siempre, hablar con los estudiantes sobre la misma clase ayuda enormemente a un profesor así que me dispuse a averiguar qué era lo que pasaba para darle una pronta solución. En una pausa aproveché para charlar con Yasuhiro, uno de los mejores alumnos que hamás haya tenido, sobre el tipo de actividades que estábamos haciendo y la dinámica de clase. Le pregunté si el curso le era útil y si estaba a su gusto. Él me miró con los ojos muy abiertos, casi sorprendido por la pregunta que le había formulado. Tras meditar unos instantes, comentó que la clase le gustaba mucho pero que le parecía muy difícil intervenir en las actividades ya que no se le ocurría nada original que decir. No me esperaba esta respuesta… Para mi sorpresa, los alumnos no intervenían no porque no les gustasen las actividades que les proponía, no porque no pudiesen hablar o poner en práctica las estructuras gramaticales del curso sino porque las actividades estaban diseñadas para debatir sobre aspectos y temas que, para ellos, requerían de una cuidada reflexión previa que les permitiese emitir un juicio que aportase nuevas perspectivas e ideas.

Esto supuso un increíble hallazgo acerca de cómo enfocar las clases con estudiantes orientales ya que los alumnos japoneses y coreanos piensan que si uno no puede decir nada que tenga calidad, es mejor estar callado. Desde entonces, siempre que propongo actividades en las que los alumnos han de debatir, les hago saber que la calidad de la opinión no es muy importante para la clase, lo verdaderamente importante es practicar la gramática y coger soltura al hablar en español.

En muchas ocasiones, mis profesores me piden opinión acerca de si cierto tipo de actividades o enfoques van a gustar a sus alumnos, normalmente debates, pequeñas excursiones prácticas por la ciudad, catas de vino o productos españoles, etc., y casi siempre contesto lo mismo: ‘Preguntad directamente a vuestros alumnos sobre los temas y los enfoques de vuestras clases para asegurar el éxito’. Los alumnos son muy diversos y lo que vale para unos no vale para otros. El profesor debe perder el miedo a preguntar a sus alumnos, tal es así, que no hacerlo le interna por terrenos pantanosos en lugar de llevarle por la senda de la seguridad y del consenso. La negociación es esencial en clases internacionales.

Curiosidades interculturales

jin_geraldContinúo en esta entrada comentando algunas anécdotas del ambiente internacional en el que vivo y trabajo diariamente con un doble objetivo; por una parte me gustaría que el lector de este blog pasase un rato entretenido y, por otra, quizá le sean útiles para las clases estos comentarios sobre la diferente forma de entender el mundo que tienen otras culturas. Hoy quiero hablar del choque cultural que sufren los japoneses, estadounidenses y los iraníes.

Japón

Decir ‘no lo entiendo’ al profesor es similar a decirle ‘no estás haciendo bien tu trabajo y por eso no he entendido lo que me has explicado’. Como, para ellos, decir esto es algo bastante violento, siempre prefieren decir ‘sí, lo he entendido’ aunque no sea así. El profesor debe estar atento para notar el más mínimo gesto que indique duda cuando afirmen haber entendido la explicación.

En ocasiones, los estudiantes japoneses a los que doy clase de Español para Extranjeros salen con algunas categorizaciones del mundo occidental que le dejan a uno completamente patidifuso. Los orientales -por regla general- no son cristianos y para ellos no existe la Navidad, ni la Semana Santa, ni casi ninguna de las fiestas que tenemos los españoles. Yasuhiro, un estudiante de Tokio, me comentó que, en cierta ocasión, había asistido a una misa para ver cómo era. Me dijo que le había gustado la experiencia pero que le parecía fatal que los curas repartiesen golosinas.

Este mismo estudiante, simpatiquísimo él, me comentó que la primera vez que una mujer le dio dos besos para saludarlo, él pensó que era una declaración de amor.

Irán

Para algunas culturas como, por ejemplo, la iraní, la forma que tenemos de hablar en España es muy chocante. Para ellos, los españoles hablamos a gran volumen y, con frecuencia, introduciendo muchas palabras indecorosas, algo que es de muy mala educación en Irán. Tal es así, que llegan a pensar que los españoles estamos de los nervios y no hacemos otra cosa que discutir.

Estados Unidos

Es sorprendente para un estadounidense que, a pesar de que los españoles no damos mucha importancia a la puntualidad, los horarios españoles son muy rígidos. Tanto, tanto que, si vas a un lugar en el horario equivocado, lo encontrarás cerrado. Así pues, está fuera de toda lógica que las tiendas cierren a medio día  puesto que parece que no quieran hacer negocio.

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Setas japonesas de chocolate

Me acaban de llegar, recién traídas de Tokio, unas graciosísimas setas de chocolate. Cuando abrí la caja, mi sorpresa fue mayúscula puesto que jamás había visto algo que se les pareciese.

Setas japonesas de chocolate

Setas japonesas de chocolate

Setas japonesas de chocolate

Son unas setas cuyo sombrero está hecho de chocolate con leche y su pie de un tipo de galleta que se asemeja a los picos que tomamos los españoles cuando vamos de tapas.  Son una cucada :D

Como sucede con casi todos los productos japoneses, la presentación está muy cuidada y eso es de agradecer ya que, mientras uno se come las setas, es muy entretenido mirar la caja puesto que tiene mil y un detalles como, por ejemplo, las setas tocando la guitarra ¿?

Por si a alguien no le quedan claros los ingredientes, un simpático osito nos los explica en la parte inferior de la caja.

Setas japonesas de chocolate

También hay, del mismo fabricante, bellotas, peces y koalas. Estas galletas son muy populares en Japón y, desde luego, a mí me han encantado. Cuando he llegado a casa con ella y se las he enseñado a mi mujer, no hemos tardado ni cinco minutos en dar buena cuenta de ellas ;)

Un sobre japonés

A menudo, mis estudiantes me regalan cosillas típicas de sus países. Me encanta esto porque, poco a poco,  voy conociendo de sus culturas al tiempo que me hago una variopinta colección de recuerdos que algún día, digo yo, tendré que exponer en este blog.

Hace un tiempo, uno de mis estudiantes japoneses, un alumno llamado Shogo, me regaló un paquete misterioso. Al terminar la clase, se acercó a mí, extendió la mano y con ojos cerrados y amplia sonrisa me dio esto:

Sobre japonés

‘Gracias’, dije. ‘Se parece a una de esas golosinas que comíamos los niños de los ochenta’ pensé mientras lo miraba con interés. Con estas comidas preparadas japonesas hay que tener mucho cuidado porque, a veces resultan bastante raras para un español como, por ejemplo, las inmisericordes ciruelas en salmuera, ciruelas de las que ya he hablado anteriormente y a las que algún día les dedicaré una entrada en este blog.

Al llegar a casa abrí el paquete rogando que hubiese por algún lado unas instrucciones o un listado de ingredientes en inglés, pero no, todo estaba en japonés. Dentro había dos sobres como éste:

Sobre japonés

Lo único que se reconoce es el numero 150 (que serán los mililitros de algo que hay que echarle, no supe si de leche o de agua). Intrigado abrí el sobre y esto fue lo que vi:

Contenido del sobre que me dio Shogo

¡¡¡Madre!!! ‘Esto huele muchísimo a pescado’ me vi diciendo. Unos trocitos de alga con unos palitos raros, todo acompañado de unas miguitas de algo que no tenía idea alguna de lo que podía ser. Volví a mirar el sobre para ver si conseguía averiguar algo más pero claro… No no saqué nada en claro, pero nada de nada.

Opté por calentar el agua y echársela. Al hacerlo el olor a pescado se acentuó. Olía bastante fuerte y muy muy raro. Vino mi mujer y puso una cara de asombro como pocas veces he visto. Yo estaba totalmente decidido a probar aquella sopa que había viajado miles de kilómetros en la maleta de Shogo. Yo pruebo todo, luego me gusta o no me gusta, repito o no… pero probarlo, lo pruebo :D

Cogí una cuchara, la metí en la sopa, cerré los ojos, y… tachán, la verdad es que estaba muy bueno. Sabe mucho mejor de lo que huele. Tiene este aspecto, o al menos, es el que me quedó a mí. Como Shogo ha vuelto a Japón no sé si es el aspecto que debe tener esta sopa de ¿¿??

Sopa japonesa

Agradezco a mi estudiante haberme regalado esta sopita que tanto entona el cuerpo en estos días de invierno… o eso pensaba yo, porque luego me he enterado que esto sirve para recalentar el arroz que te sobró del día anterior y comerlo con un poco de aderezo :D

Castellano sin esfuerzo

El la vida de todo profesor, siempre hay momentos en los que a uno se le ‘caen los palos del sombrajo’ como se suele decir en mi tierra.

En mi quehacer diario, el contacto con otras culturas, otros materiales didácticos y las diferentes formas de entender la enseñanza y, por ende, la vida, hacen que tus miras se ensanchen y valores el rico ambiente intercultural en el que te mueves. A lo largo de mi vida profesional he impartido clases a decenas de nacionalidades pero quizá, una de las nacionalidades más interesantes sea la japonesa.

En cierta ocasión estaba dando clases individuales a un estudiante de Tokio. Ella traía de Japón un librito con frases y vocabulario ‘de superviviencia’. El manual está bastante bien y ya hubiese querido yo uno así cuando fui a estudiar a Nueva York. Mientras ella escribía una pequeña composición yo cogí el libro y me puse a hojearlo con curiosidad. Los dibujos son muy clarificadores, me dije…

Además de palabras ordenadas por campos semánticos, tenemos frases que frecuentemente podemos usar con ese vocabulario. Efectivamente, el libro está muy bien pensado y su utilidad es indudable para todo aquel estudiante japonés que quiera pasar sus primeras semanas en nuestro país sin que su nivel de español le suma en la más absoluta soledad por no poder comunicarse.

Sin embargo, después de haber pasado algunas páginas, me encontré con lo que sigue… y, de verdad, que no concibo cómo pueden estar semejantes expresiones en un libro educativo. Me pregunto qué oscuros pensamientos y deseos de venganza tenía el autor del libro para con la editorial.

Sólo he visto este manual una vez en mi vida, jamás he vuelto a tenerlo en las manos pero puedo asegurar que no me dejó indiferente. Recientemente hemos remitido una nota a nuestro centro de Tokio para que se pusiese en contacto con la editorial y le comunicara lo inapropiado de semejante registro idiomático.

Nota: Muchas gracias a Ikusuki por haberme facilitado las fotografías del libro ya que, en aquella ocasión, no pude fotografiarlo.