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Consejos para el profesor de español como lengua extranjera

Publico una colección de once consejos para los profesores de español que comienzan en esta apasionante profesión. Los comienzos suelen ser difíciles puesto que trabajar en un ambiente internacional no es sencillo. Espero que sean de ayuda.

  1. Mantenga siempre una actitud positiva y considere sus primeros días en el centro como un periodo de adaptación y aprendizaje. Usted trabaja en una institución de enseñanza con prestigio en todo el mundo a la que puede aportar sus conocimientos, entusiasmo y recursos educativos.

  2. Entre a las clases siempre con una sonrisa, sus estudiantes se sentirán más tranquilos y confiarán más rápidamente en usted. Tenga en cuenta que muchos estudiantes comienzan la clase nerviosos por no poder entender todo lo que usted y sus compañeros dicen. En la mayoría de los casos, los estudiantes de su grupo entienden de un 40 a un 50 por ciento de lo que usted dice. Por eso, transmitir tranquilidad, confianza y felicidad les ayudará mucho a disfrutar de su estancia en España. Haga de cada día algo único, algo que merezca la pena ser vivido. Para muchos de sus estudiantes estar en España es un sueño convertido en realidad. Haga que disfruten y aprendan español al mismo tiempo. Intente pasarlo bien en las clases con sus alumnos. Los primeros días de curso son siempre difíciles para los nuevos estudiantes.

  3. Sea puntual al entrar y salir de las clases. Tenga en cuenta que el ‘modo mediterráneo’ de organizarnos choca frontalmente con la concepción de seriedad y profesionalidad de muchas culturas, por ello, es muy importante que el profesor esté en el aula unos minutos antes de empezar la clase. Prepare todo el material que vaya a necesitar antes de que sus estudiantes estén en el aula y no pierda el tiempo saludando si algún estudiante llega después de la hora de comienzo, los alumnos que ya están en el aula lo verán como una descortesía.

  4. Venga al centro bien vestido, siempre con ropa adecuada al trabajo que realiza. Debe tener en cuenta que nuestra labor docente se desarrolla en un ambiente multicultural, por ello, debemos vestir un atuendo lo más neutro posible.

  1. Programe sus clases con antelación, esto le permitirá anticipar dificultades y hará que sus clases sean más agradables y satisfactorias para usted y sus alumnos. Además, cada lunes, permita a sus estudiantes que sugieran temas para ver en la clase durante la semana haciendo una negociación con ellos, de este modo, conseguirá hacer un curso mucho más interesante y adaptado a sus alumnos pues, éstos, se sentirán muy bien en la clase al poder participar en el proceso educativo.

  2. El objetivo principal de sus clases es que los estudiantes practiquen el español tanto como sea posible, por ello, usted no debería hablar más que ellos en la clase. Haga grupos, programe actividades para que sus alumnos trabajen en parejas practicando.

  3. Tenga siempre presente que sus clases deben ser: útiles, interesantes, divertidas y variadas.

  • Útiles e interesantes: En los intermedios, en los recreos y en la propia clase, muestre interés por las aficiones y los objetivos profesionales de sus estudiantes, esto le ayudará enormemente a preparar las clases con temas útiles e interesantes para ellos. De esta forma, si usted lleva a clase temas por los que ellos le han mostrado interés, pensarán que su profesor es un buen profesional que se adapta a sus necesidades. Tenga en cuenta que cada estudiante estudia español por una razón diferente. Conocerla es el secreto del éxito.
  • Divertidas y variadas: Lleve materiales reales y diferentes a la clase. Haga juegos prácticos con el objetivo de usar el español. Saque a sus estudiantes de clase para hacer prácticas reales. Pregunte a sus estudiantes cómo es el profesor que más le gustó en sus estudios; coja ideas de esa información. Pregunte y pida consejos al Coordinador de su centro acerca de cómo llevar buenas actividades a la clase.
  1. Sea ordenado. Organice siempre la pizarra del modo que se muestra en el diagrama de más abajo. A un lado, el índice de temas que se verán en el transcurso de la clase y al otro el espacio de trabajo. Reserve también un espacio para ir colocando el vocabulario.

  2. Sea paciente con sus estudiantes, concédales el tiempo que necesiten para responder y respete el turno de palabra. No trate de imponer su opinión en la clase acerca de los temas que trata, considere que estos temas son un motivo para practicar el idioma.

  3. Mande todos los días tareas para casa (que le suponga al estudiante de 15 a 20 minutos hacerlas). Alterne tareas de revisión y tareas para adelantar el trabajo del día siguiente. Para ayudarle con la clase del día siguiente es muy útil y positivo adelantar los contenidos de la próxima clase, esto es algo muy frecuente en otros países. Siguiendo este consejo, también será mucho más fácil para usted dar la clase ya que sus estudiantes habrán hecho un esfuerzo previo por entender y mirar el vocabulario, especialmente cuando haya alumnos con diferentes ritmos de aprendizaje.

  4. Considere el método de trabajo en equipo como la forma más fácil de progresar. Si todos los profesores dejan parte del trabajo que han hecho para sus clases al resto del equipo, cada día, preparar su clase será más y más sencillo y le requerirá menos tiempo. Sea un buen profesional de su trabajo.

Vencer la timidez en la clase de idiomas

Una profesora de español que ejerce en Noruega me escribía hace un par de días con la siguiente cuestión y, como pienso que puede ser de utilidad para otros profesores, he creído conveniente contestar en el propio blog en lugar de hacerlo por correo electrónico.

Tengo una clase de 15 alumnos, la mayoría muy buenos estudiantes. Tres de ellos no están interesados en la clase, por lo que su asistencia es casi nula […] Entre los que vienen siempre a clase, atienden y están siempre pendientes de la clase, tengo una chica que no sé si es por timidez, falta de autoestima o porque realmente no sabe nada de español, no quiere entregarme los deberes, cuando le pido que lea o me conteste a alguna simple pregunta, siempre recibo la misma contestación: ‘no sé’ y de modo que nunca puedo ver cuál es su nivel, la verdad es que siempre respeto su respuesta y paso a otro alumno. También por miedo a que si la presiono, a lo mejor la pierdo y deja de venir. Pero no sé si haciendo esto, realmente la ayudo.  Estoy esperando a ver el resultado de algún examen para saber qué es realmente lo que sabe, pero aún no hemos tenido ocasión.  No sé si me puedes aconsejar sobre cómo puedo actuar con ella.

En primer lugar me gustaría decir que muchos profesores españoles tendemos a ser buenos en nuestro intento por hacer las cosas lo mejor posible, en lugar de ser justos, es decir intentamos exigir a todos los alumnos lo mismo para que nadie se sienta mal al pensar que a uno se le pregunta o se le hace trabajar más que a otro cuando, lo correcto sería dar trabajo y hacer preguntas en clase en función de la competencia lingüística de cada estudiante. Antes de nada, yo te recomendaría que hablaras a solas con esta alumna y le preguntaras cómo se siente en la clase, cuando conteste, mantente callada, deja que hable, que se desahogue, que te comunique cuál es el motivo, quizá no quiera ponerse en evidencia al demostrar que no sabe mucho español, que sea tímida, no puede participar porque ni siquiera comprende el enunciado de los ejercicios o, incluso, que no entienda lo que dicen tanto sus compañeros como el profesor. En todo momento nosotros escucharemos con calma, sin interrumpir. Tenemos que identificar dónde radica el problema que tiene esta alumna.

Esta dificultad tiene varias causas y diferentes soluciones pero, casi siempre, si el estudiante tiene verdadero interés en la materia, su frustración radicará en que, nosotros como profesores, no hemos individualizado la clase, es decir, hemos hecho una clase igual para todos los alumnos sin atender a que cada alumno tiene una dificultad mayor o menor para hablar un idioma extranjero.

Si el problema fuera anímico intentaría animarla haciéndole entender que los comienzos son duros pero que poco a poco irá entendiendo unas palabras, luego captará frases y después, podrá comenzar a hablar con algo de soltura. En este punto le preguntaría si, en la clase, prefiere escuchar más y hablar poco o viceversa. Si contesta que prefiere, sobre todo, escuchar en lugar de hablar durante estos primeros compases del curso (o del trimestre) ya tengo el modo de hacer que se sienta mejor día a día. Estoy suponiendo que a esta alumna pertenece al grupo de los que sí quieren aprender español, si es así, de verdad es esencial que, cada día, encarguemos tarea para el día siguiente y esta tarea no sea sólo de revisión de lo visto en clase, sino que sea para adelantar los contenidos del día siguiente, así, en la siguiente clase, podrá saber de qué se está hablando en el aula independientemente de su competencia lingüística.

Si esta alumna es particularmente tímida o va muy retrasada con respecto al resto de la clase, ayuda muchísimo si, cuando estemos en la clase, hacemos preguntas abiertas a los estudiantes que se defiendan mejor y preguntas de ‘sí’ o ‘no’ o preguntas muy cerradas y simples en las que tenga que elegir una respuesta. Veamos un ejemplo:

En una clase tengo a tres estudiantes y estoy trabajando con el vocabulario del turismo y los pasados. Uno de ellos se defiende muy bien, y le hago una pregunta del tipo ‘Cuéntame cómo fueron tus últimas vacaciones’ (pregunta de respuesta completamente abierta). Al estudiante que sigue la clase pero no llega al nivel del primero: ‘¿Cuáles han sido tus mejores vacaciones y por qué?’ (el estudiante debe responder sólo a dónde fue y la razón de por qué fueron las mejores), y al estudiante que le cuesta mucho seguir la clase le haré una pregunta del tipo: ‘En vacaciones, ¿has ido más a la montaña o más a la playa?’ (para él será sencillo elegir entre una de las dos posibles respuestas). Atención: la pregunta al estudiante con menor competencia lingüística debe ir en último lugar, de este modo habrá tenido tiempo, por los comentarios de sus compañeros y del profesor, de qué van las preguntas que se están haciendo; en este caso, las vacaciones.

En resumen, hay que:

  • Tener una reunión con ella (informal si es tímida).
  • Negociar qué tipo de dinámica de clase le va mejor con su personalidad y su competencia lingüística.
  • Individualizar la enseñanza adaptando los textos, ejercicios, preguntas de clase y tareas para que esta alumna pueda seguir la clase.
  • Hacer un seguimiento diario (no hay que tener miedo a preguntarle qué tal está y cómo va con su español, la información que nos dé es muy valiosa y será vital para superar la dificultad).

Espero que estos consejos sean de utilidad, son los que yo sigo siempre y los que daba -con excelentes resultados- a mis profesores en Escuela Internacional.

Todos queremos ser jóvenes

Tras el fracaso de la etiqueta ‘nativos digitales’ como sinónimo de ‘competentes digitales por ciencia infusa’ nos llega un vídeo acerca de cómo son los jóvenes de hoy en día y de cómo lo fueron sus predecesores (cargado de estereotipos, por cierto). A pesar de ello, he de confesar que me ha gustado y es ideal para ser trabajado en clase ya que invita al debate.

httpv://www.youtube.com/watch?v=7HGW9hNlwhs

En la actualidad, la vida de los jóvenes está marcada por las redes sociales, de hecho, constituyen una generación verdaderamente social que vive en un mundo muy diferente al que conocieron sus padres, se trata de un mundo interconectado, la denominada aldea global en la que las modas, las corrientes de opinión, las noticias o determinados gustos se expanden por todo el globo en cuestión de segundos para ampliar, compartir o condicionar la manera de pensar.

Uno de los puntos más interesantes (y sobre el que mucho se ha estudiado) es que las nuevas generaciones saltan de un tema a otro con extrema facilidad ya que han desarrollado un modo no lineal de pensamiento que los diferencia de las anteriores generaciones. Incluso, para todos aquellos integrantes de la llamada ‘Generación X’ que están acostumbrados a procesar y buscar información en internet se hace complicado, hoy en día, no sufrir  el fragmentarismo que produce la multitarea (aunque muchos se empeñen en asegurar que no existe tal cosa).

El mundo de hoy en día sea un lugar lleno de oportunidades que motivan a seguir creando y compartiendo el conocimiento. Como siempre digo, el futuro es apasionante y estoy deseando verlo.

Fuente | @starpy

Cómo enseñar los verbos españoles de forma lúdica

En verano, la mayoría de las escuelas de español se llenan de grupos de jóvenes que vienen a nuestro país como recompensa a un año de esfuerzo en sus estudios. Para estos alumnos, venir a España supone un premio que nunca olvidarán y todos los profesores de español saben lo difícil que es enseñar a estos estudiantes y lo diferentes que son de los alumnos adultos que tenemos durante el invierno. Con frecuencia, se suele comentar que son perezosos, que no quieren estudiar, que siempre llegan tarde a clase, que siempre hablan en su idioma y otros muchos aspectos que suelen desesperar a los docentes que se inician en la profesión.

Para evitar encontrarnos en una situación de desconexión con nuestros alumnos es importante llevar al aula actividades lo suficientemente motivadoras como para que se animen a participar en ellas con ganas e ilusión. En esta ocasión presentaré un ejercicio para aprender la conjugación de los tiempos verbales del español de una forma lúdica que siempre me ha funcionado muy bien en el aula. El juego es muy sencillo, se trata del conocido memorión.

El juego consiste en escribir parejas de verbos escritas en diferentes etiquetas que se disponen en la mesa boca abajo. Los alumnos deben ir levantando dos etiquetas por turno para ver si encontraron dos similares, en ese caso, para conseguir el punto, deben conjugar correctamente el verbo. Si lo hacen bien, se llevan el punto; si no, deben colocar de nuevo la pareja de verbos en la mesa.

Algunos consejos:

  • Se debe imprimir el juego en un folio de color para que no se transparente las palabras que están escritas en las etiquetas.
  • Si el jugador que tiene el turno no encontró la pareja de verbos o se falla la conjugación del verbo, debe colocar las etiquetas en la misma posición en la que estaban antes de cogerlas.
  • Cada vez que un alumno consigue un punto, juega otra vez.
  • Lo ideal es cuatro jugadores por tablero.

A modo de ejemplo, pongo a disposición de los lectores un memorión de verbos para un nivel B1 alto. Espero que os sea de utilidad en los cursos de este verano.

Cómo ayudar a los alumnos a controlar los efectos del choque cultural

Estudiar en el extranjero por primera vez puede cambiar radicalmente la perspectiva que una persona tiene sobre la vida y las relaciones humanas así como su punto de vista sobre la cultura del país en el que estudia y, también, del suyo propio. Estar fuera del ambiente habitual es algo muy emocionante, y puede producir una sensación inicial de libertad y de bienestar que pronto se verá matizada, cambiada o quebrada, según la fortaleza anímica de cada persona y su concepción de la realidad. Así pues, aunque para la mayoría de personas vivir en el extranjero supone una experiencia muy gratificante, hay que tomar conciencia de cómo puede afectar a nuestros alumnos el choque cultural.

Hay varias fases que se producen en el proceso de adaptación a la nueva cultura y que pueden durar desde unos días hasta varias semanas, dependiendo de la persona y de la situación:

  1. Alegría desmedida por estar viviendo una experiencia inolvidable.
  2. Aclimatación al entorno y a la vida española. Se comparan las espectativas previas con la realidad que se vive. Hay una valoración constante de las costumbres del país de acogida con respecto a las del país de origen.
  3. Tristeza. Se echa mucho de menos a la familia y al país de procedencia.
  4. Superación de las dificultades. Aclimatación total a la vida en España.

Casi todos los estudiantes logran adaptarse a la forma de vida española pero, en el proceso, se suelen sufrir algunos de estos síntomas típicos del choque cultural:

  • Tristeza o melancolía.
  • Preocupación desmedida por la salud.
  • Aislamiento voluntario.
  • Sufrir dolores y alergias.
  • Alteraciones del sueño.
  • Cambios de humor, depresión o sentimiento de vulnerabilidad.
  • Angustia y resentimiento.
  • Echar de menos a su familia o a sus amigos exageradamente.
  • Categorizar la cultura del país en el que se estudia mediante estereotipos.
  • Identificarse con la cultura de origen o idealizar su propio país.
  • Ser incapaz de resolver problemas sencillos.
  • Falta de confianza en sí mismo.

Por ello, ???es importante informar bien a los estudiantes sobre las diferencias que van a encontrar y también intentar suavizar la ansiedad que tienen antes de sumergirse realmente en la nueva cultura. Quizá, uno de los aspectos más importantes sea mantener una entrevista personal con cada miembro del grupo al comienzo del programa para conocer cuáles son sus metas y cuáles han sido los motivos que le han llevado a venir a estudiar español a España y programar un plan de acción para atenderlos correctamente. Por ejemplo, puede darse el caso de que, en su trabajo, le hayan marcado un plazo para aprobar el DELE ya que, a corto plazo, le van a destinar a un país de habla hispana.

Cuando un estudiante necesite ayuda, es muy importante mostrarse comprensivo y dejar hablar al alumno. Una vez que se haya desahogado, debemos calmar sus preocupaciones explicándoles que es muy natural sentirse desubicado y que hay muchas maneras para superarlo. Es bueno que comprendan que lo que sienten es algo frecuente y muy común ya que casi todos los alumnos que ya están en el centro han sufrido lo mismo en sus primeras semanas en España.

Actuar rápidamente puede hacer que nuestros alumnos disfruten de su experiencia en el programa y lo recuerden durante mucho tiempo como algo enormemente positivo. ¿Qué estrategias usáis vosotros para minimizar los efectos del choque cultural en vuestros alumnos?

Las actividades breves funcionan mejor

Si algo he comprobado a lo largo de todos estos años de docencia es que las clases que se componen de actividades cortas funcionan mucho mejor que las que no. Esto se hace particularmente evidente cuando enseñamos un idioma en un contexto de inmersión lingüística puesto que es en este ambiente multicultural donde los alumnos internacionales han de hacer un especial esfuerzo mental por seguir y comprender la clase.

Al programar la clase con actividades cortas da tiempo a hacer más cosas, lo que hace que las sesiones sean mucho más variadas y amenas. Por otra parte, esto tiene mucho que ver con la facilidad de comprender y asimilar lo que el profesor explica. Pongamos un ejemplo: si un alumno se pierde el el minuto 3 en una actividad que dura 15, puede reengancharse cuando comience la siguiente, algo imposible cuando hacemos actividades que duran más de 20 minutos. Si un alumno se pierde al principio de una actividad que dura, por ejemplo, 40 minutos, estará desconectado de las explicaciones y ejercicios durante tanto tiempo que no tardará en desmotivarse y frustrarse. Si esto se convierte en la tónica habitual, nos costará mucho esfuerzo realizar nuestra labor labor como profesores.

Si quieres hacer una clase con ritmo, interesante, útil y motivadora, sigue este consejo, programa una clase compuesta de actividades cortas de diferente duración, combinando las de 20, con las de 10, 5 y 15. No tardarás en comprobar que da muy buenos resultados. Si crees que esto puede serte útil, te recomiendo que leas ‘La teoría del cubo de helado‘.

El secreto está en saber escuchar

Para ser un buen profesor de español como lengua extranjera en contextos de inmersión lingüística hay que saber hacer bien muchas cosas pero, sobre todo, hay que saber escuchar. Quizá porque a los españoles no nos guste el silencio, tendemos a rellenar las pausas que se producen en la conversación con palabras que deberían haber dicho los alumnos cuando éstos detienen su discurso para pensar cómo han de seguir explicándose en un idioma que no es el suyo.

Esto supone un choque cultural bastante agresivo para muchas culturas ya que no sólo no respetamos el turno de palabra sino que lo invadimos y, por si fuese poco, nos apropiamos del papel del interlocutor añadiendo lo que nosotros interpretamos que quería decir y que, en muchas ocasiones, ni siquiera se parecía a lo que, realmente, el estudiante iba a expresar.

Escuchar con paciencia cuando se producen estas pausas, saber esperar a que el alumno recomponga cómo debe seguir expresando lo que quiere comunicar utilizando la gramática española nos ayuda a nosotros mismos a dar una respuesta acertada a lo que se nos plantea, de hecho, si esperamos a que continúe hablando, el esfuerzo que hemos de hacer para entender a nuestro interlocutor es mucho menor. Parece obvio pero en la práctica el subconsciente nos traiciona y es particularmente grave cuando estos alumnos internacionales se encuentran ante una dificultad que no pueden resolver sin ayuda.