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Entrevista para eldiario.es sobre los libros de texto

La semana pasada, eldiario.es se puso en contacto conmigo para hacerme algunas preguntas sobre las ventajas y la conveniencia o no de utilizar libros de texto con licencia Creative Commons. Como sabéis, soy un fehaciente defensor de las licencias libres pero a nivel de centro, cambiar los libros de texto tradicionales, provenientes de una editorial, por libros con licencias libres exige una muy buena planificación y un claro cambio de mentalidad.

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Usted no es dueño de lo que ve

No entiendo que las administraciones públicas tengan, protegidos por los anticuados y rígidos derechos de autor: páginas web, fotografías institucionales e importantes documentos, a pesar de haber sido pagados con el dinero de todos los contribuyentes. Se supone que las administraciones están al servicio del ciudadano y deberían dar el máximo servicio incluyendo, claro está, la libre utilización de los textos y las imágenes que distribuyen. Es incomprensible para mí que, por ejemplo, la web de un ayuntamiento esté protegida por los derechos de autor. No le veo ningún sentido.

Tampoco es de recibo que la Real Academia impida enlazar directamente al contenido de cualquiera de sus sitios web. ¿Es así como se pretende afianzar el crecimiento del español en el mundo y convertirnos en una lengua de ciencia en lugar de ser una lengua utilizada, sobre todo, para comentar actividades cotidianas? Esto es algo que también pasa en el mundo del periodismo: los periódicos han querido, durante mucho tiempo, que Google les pague por poner enlaces directos a los artículos. Como digo, de locos.

La manía por colocar a todo lo que se publica el infame simbolito de la ‘c’ enjaulada en un círculo llega a la locura enfermiza cuando se prohíbe, por ejemplo, sacar fotografías en numerosos lugares debido a las razones más peregrinas (dudo que los flashes de las cámaras fotográficas dañen los candelabros de las iglesias o los muebles de las casas museo, por poner sólo dos ejemplos) y no creo que vaya desencaminado del todo cuando digo que el verdadero motivo está en la venta de libros con buenas fotografías (hechas con flash, faltaría más) y de las licencias de reproducción de las mismas.

El delirio en el uso del copyright llega cuando se prohíbe a los ciudadanos tomar fotografías en la vía pública por la incomprensible razón de que la fachada de tal o cual edificio está protegida por los derechos de autor. Pero, digo yo, ¿qué tiene que ver ese edificio con mi foto? Esto, con todos mis respetos, es censurar al ojo que ve. Las fotografías son una interpretación de la realidad, una visión personal, no son una copia (aunque, en este blog, ya he dicho en otras ocasiones que copiar es, simplemente, duplicar algo, no tiene connotaciones negativas, tampoco positivas). Copiar es el primer paso para avanzar, para innovar, revolucionar las ideas, el arte o la sociedad.

En otros lugares turísticos, son un poco más coherentes y sí nos dejan hacer fotografías pero no podemos venderlas si no nos dan permiso. ¿Nos hemos vuelto locos? Muchos de esos lugares han sido construidos, restaurados, acondicionados con dinero procedente de nuestros impuestos y me reitero, una fotografía es una obra independiente, otra visión de la realidad diferente de la del arquitecto que hizo un edificio determinado. La lógica dice que un fotógrafo podría hacer lo que quisiera con esa fotografía sin tener que pedir permiso a nadie puesto que es obra suya, no está haciendo ninguna réplica de dicho edificio en un solar, lo que tampoco sería negativo, ni punible, a mi modo de ver, otra cosa muy diferente es la cruda realidad.

Un autor es libre de poner la licencia que crea más apropiada a su obra, ya sea la protección total por las leyes de protección de la autoría intelectual o una licencia Creative Commons, lo que no es lógico es proteger con copyright obras pagadas por los ciudadanos o que persigan el bien social, no es lógico pretender tener autoridad legal sobre el ojo que ve.

Ahora, si no están de acuerdo, tienen permiso para despellejarme en los comentarios.

Léelo pero no lo toques, no lo uses, no lo copies

Hoy he comenzado el día con un disgusto de los gordos. Ha sido tal la indignación que he sentido al ver ciertos documentos elaborados por algunos profesores que comencé a echar pestes en Twitter. Pero debo intentar no sulfurarme y comenzar a contar lo que pasó de un modo ordenado y lógico: suelo levantarme muy pronto por la mañana para preparar mis clases mientras me tomo el primer café del día, reviso el correo y veo qué se cuece en Twitter y, hoy, no ha sido diferente. Me he sentado frente al ordenador y he comenzado a buscar en internet ejercicios y esquemas de cierta parte del temario de bachillerato para ver qué materiales estaban elaborando y utilizando otros profesores con el objetivo de, llegado el caso, usarlos en clase si encontraba alguno que me gustara. Cuál ha sido mi sorpresa, muy agria, por cierto, cuando he visto que algunos de esos esquemas y resúmenes tenían copyright. Me he dicho, bueno, serán sólo algunos casos, sigamos buscando, seguro que hay personas que tengan la cabeza sobre los hombros. Vuelvo a buscar en Google y, de nuevo, me encuentro con ejercicios a los que su autor, un profesor cualquiera, le ha plantado ahí un copyright sin sentido alguno, bien visible, como un insulto a la inteligencia. Pero vamos a ver, ¿cómo es posible que alguien le ponga un copyright a un ejercicio resuelto? Seamos serios, ¿se imaginan que yo hiciera un documento con dos sumas y le colocase un copyright? Pues no se lo imaginen, aquí lo tienen (nótese el tono sarcástico ya que estas sumas no pueden tener copyright):

Absurdo, ¿verdad? Yo me pregunto… ¿nos hemos vuelto locos o qué? Y es que aquí fallan varios detalles, algunos de base. Si un profesor tiene un blog al que sube sus materiales didácticos, lo lógico es pensar que lo haga para compartirlos con otros compañeros de profesión o con sus alumnos pero, si los registra y les coloca ese infame copyright, se vuelven inútiles porque impide que puedan ser utilizados, descargados, fotocopiados e, incluso, mejorados. Entonces, si ese profesor no quiere que se utilicen sus materiales, ¿para qué los sube a internet? ¿Acaso únicamente quiere que veamos lo sabio y original que es? ¿Es que ha descubierto el Santo Grial de la resolución de cierto tipo de ejercicios? ¿Tiene un método revolucionario que solventará todos los problemas de los alumnos de secundaria y bachillerato al tiempo que se hace rico vendiéndolo? ¿No? ¿Pues para qué se pone el copyright a unas fichas de ejercicios o esquemas? Todo esto, suponiendo que ese copyright sea efectivo y no se vaya de farol, es decir, que, en efecto, se haya ido al registro de la propiedad intelectual se haya entregado el original, se hayan pagado las tasas y se haya recibido la notificación correspondiente.

Bien es cierto que cada uno puede hacer lo que le dé la real gana con lo que escribe, pero si el propósito es compartir un material diciendo que lo ha hecho tal o cual autor, pues que lo haga, pero que le ponga una licencia Creative Commons. Es paradójico compartir un material que no se puede copiar. Otra cosa es que se quiera escribir un libro para venderlo y la editorial de turno exija que el trabajo tenga todos los derechos reservados pero, por favor, ¿una ficha?, ¿un esquema?, ¿unas ejercicios resueltos? Clama al cielo que se le haya colocado el simbolito que impide su uso educativo.

Intentar impedir que los materiales subidos a un blog no sean utilizados por otros profesores, fotocopiados o incluidos en nuevos documentos es de una estrechez de miras tal que torpedea tanto el propósito educativo por un lado como el fin para el que internet es utilidad. Quiero pensar que esos profesores que protegen de este modo su material de clase lo hacen porque desconocen las licencias libres (como la que utiliza este blog) y no es porque tienen una concepción de la creación intelectual anquilosada en el pasado. Pero visto lo visto, no sé yo… De todos modos, lo que sí tengo claro es que, compartir, es vivir.