Don Quijote de la Mancha (1ª parte), de Miguel de Cervantes Saavedra

Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra1. Breve biografía del autor.
Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares (¿?) en 1547. Tras viajar la familia a Valladolid, ciudad donde se encontraba la corte en esos momentos, las deudas contraídas hacen que los bienes de la familia sean embargados. La vida del escritor es misteriosa y apasionante a la vez, tal es así, que los escritos que sobre su persona nos han llegado están la mayoría manipulados en un intento de convertir a Cervantes en el abanderado de las mayores y más varias ideologías y pensamientos. Una frase se ha apuntado sobre este particular con notable certeza: ‘La biografía de Cervantes está tan escasa de datos como llena de sinuosidades’. Incluso, el retrato de Miguel de Cervantes Saavedra que cuelga en las paredes de la RAE es falso y también ha sido manipulado. Sabemos que fue alumno de humanidades en el Estudio en Madrid con el profesor López de Hoyos. Como carecía de estudios superiores no podía entrar en la Iglesia y aún no se decide a viajar a América (idea que se convertirá más tarde en su gran obsesión) así que ingresa en el ejército. El día en el que tuvo lugar la famosa batalla de Lepanto, Miguel está enfermo y los mandos le permiten -tras su insistente petición- entrar en combate. En un lance del combate pierde la mano izquierda. Cervantes jamás olvidará esta victoria y hará muchas alusiones a dicha batalla en sus escritos. De vuelta a España fue capturado, junto a su hermano, por los turcos y como portaba algunas cartas de recomendación, pensaron que sería un personaje importante y se salvó de la ejecución para ser llevado preso a Argel en condición de esclavo y pedir un rescate por él. Este rescate no llega pues no hay fondos para pagarlo. Finalmente, la familia, fuertemente endeudada, consigue dinero para salvar a uno de los hermanos y el escritor prefiere que sea Rodrigo quien vuelva a España. Miguel intentó fugarse en cuatro ocasiones de su cautiverio pero todas las tentativas resultaron frustradas. Finalmente, su rescate llegó momentos antes de que el escritor partiera una galera rumbo a Costantinopla (en la que ya estaba embarcado) donde se hubiera perdido su rastro y pudo volver a España. Ya en nuestro país intentará conseguir un empleo en América pero fue rechazada su solicitud por haber desaparecido unos dineros que tenía a su cargo cuando fue recaudador de impuestos. Miguel de Cervantes Saavedra falleció en Madrid en 1616.

2. Contexto literario de la obra.
Cervantes es aún un autor desconocido cuando se publica El Quijote pero el éxito es inmediato. Tanto es así que el mismo año de su aparición se hicieron seis ediciones más, algo ciertamente sorprendente para la época. En el prólogo se dice que escribió la obra en la cárcel; aunque no es del todo cierto. Según Rodríguez Marín, lo que sí sabemos con seguridad es que la escribió muy pausadamente y en diferentes lugares. Miguel de Cervantes quería tener éxito como escritor de comedias, pues quería tener el reconocimiento (y el dinero) que tenía Lope de Vega, sin embargo, su teatro, anquilosado en el Renacimiento, no interesaba al público que abarrotaba los corrales de comedias. Ni su poesía, ni su teatro son de gran calidad; sin embargo, creó un género nuevo, género que revolucionaría la literatura y lo hizo con una obra magistral, sublime, inmensa y deliciosa: Don Quijote de La Mancha (1605).

3. Comentario de la obra.
Cervantes escribió una obra magistral, probablemente, la mejor que se haya publicado hasta ahora en todo el mundo, pero su autor no fue consciente de su hallazgo ni de las repercusiones que posteriormente habría de tener.

El protagonista es un personaje singular perteneciente a la baja nobleza que habiendo perdido el juicio emprende una marcha por un espacio sorprendente; y digo sorprendente, porque entonces lo común era situar a los héroes en reinos lejanos en donde la aventura podría ser, aparentemente, mucho más propicia. La Mancha era un espacio inhóspito y de paso que carecía de grandes palacios, archivos y catedrales, sin embargo, es utilizada por Cervantes de un modo paródico, pues éste es uno de los propósitos de la obra. Se ha dicho en innumerables ocasiones que El Quijote es una obra paródica de las novelas de aventuras pero esto es cierto sólo en parte, pues habiendo desaparecido el género al que parodiaba, la obra guarda intacta su vigencia. Sí es cierto que la novela, la primera como tal en toda la historia de la literatura, es una obra esencialmente humorística pues no respeta nada ni a nadie. Si indeterminado es el lugar de partida del protagonista, también éste queda indeterminado desde el mismo comienzo de la obra puesto que hasta tres nombres se nos dan de su persona no revelándose el verdadero hasta el último capítulo de la segunda parte. Además, es la primera vez en toda la literatura que se caracteriza a un personaje por lo que come, y viendo lo que ingiere comprobamos que es un hidalgo muy venido a menos y bastante anciano, pues la media de edad de aquel entonces eran de cuarenta años y nuestro protagonista tiene 50. En definitiva, Cervantes presenta a un personaje sin relieve previo, a diferencia de lo que ocurría con las novelas de caballerías, que sale en busca de aventuras hecho un total adefesio, pues lleva una armadura anacrónica con una celada de cartón y con un caballo que se encuentra en unas condiciones verdaderamente lamentables.

Como todo buen caballero ha de tener una dama a quien encomendarse y Don Quijote escoge a Aldonza, nombre con el que se hacían numerosos chistes y burlas en la época; como esto es indigno de un caballero andante, le cambia el nombre y la llama Dulcinea del Toboso. Por aquél entonces El Toboso era tierra de muchos cardos borriqueros y, además, las tinajas más grandes de La Mancha son de El Toboso. Dulcinea es el personaje más curioso -sin duda alguna- de la Literatura Universal, y su importancia trascendió lo literario para instalarse en lo real. Lo atestigua el siguiente hecho histórico: cuando las tropas francesas invadían España, destruían todos los pueblos que encontraban a su paso, todos excepto el Toboso, en honor a la dama del más famoso y desdichado caballero andante que jamás existió. Cuando Don Quijote deja de lado su actitud caballeresca se transforma en un personaje dialogante y cuerdo. Así, Cervantes juega con las dos facetas del personaje. En su primera salida, Don Quijote transforma la realidad y ve un castillo en donde sólo hay una venta. Ahí será armado caballero andante mediante una burla, lo que motiva que el protagonista no es caballero andante ni nunca lo será por contravenir las leyes de la caballería. Don Quijote únicamente está cuarenta y ocho horas fuera de su casa pero el autor ha dilatado el tiempo muchísimo haciendo que este capítulo sea vital en la obra.

En su segunda salida aparece ya la inmortal pareja Sancho-Quijote que ha sido interpretada por la crítica como una parábola del hombre, pues Don Quijote representa al alma y Sancho al cuerpo. A lo largo de la obra irá produciéndose una asimilación entre los dos. El escudero de Don Quijote es un labrador, algo indigno de un caballero andante. Hemos de encuadrar la aventura de los molinos de viento, la más famosa de todas las que componen la obra, en su momento histórico. Los molinos de viento eran algo nuevo, sorprendente, una construcción de alta tecnología que se había importado del norte de Europa. Los gigantes son algo normal en los libros de caballería y los molinos asustaban a los niños de la época por el tremendo ruido que producían sus aspas, lo que explica que Miguel de Cervantes los usase como elementos caracterizadores de esta peculiar aventura.

Las interpretaciones que se han dado a la obra a lo largo de las diferentes épocas han sido harto variadas y puede el lector encontrar algunos comentarios sobre ellas en la reseña de la segunda parte de Don Quijote de La Mancha. No quisiera aburrir al lector pero lo dicho hasta ahora no pasa de ser una livianísima introducción a la obra que ahora nos ocupa. Mi pretensión, más bien, es la de incitar al lector a acercarse a esta magna obra para que lo lea por propio gusto. Una cosa ha de saber: para entender Don Quijote de La Mancha se necesitan dos cosas: una buena edición (recomiendo -sin dudarlo un momento- la de Francisco Rico que se puede encontrar en la editorial Crítica) y una vasta cultura con la que desentrañar los continuos guiños que don Miguel de Cervantes nos hace.

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