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Rayuela, de Julio Cortázar

Rayuela, de Julio Cortázar1. Breve biografía del autor.
Julio Cortázar nació en Bruselas (Bélgica) en 1914. Realizó estudios de Magisterio y tras finalizarlos comienza Filosofía y Letras. Su primera obra publicada es Presencia (1938), un libro de poemas que denota aún su inmadurez como escritor y que salió a la venta con pseudónimo. Años más tarde comenzará su carrera como cuentista con la publicación del que, probablemente, es uno de sus mejores relatos ‘La casa tomada’ (1946). A partir de aquí comenzará una frenética carrera literaria que dará títulos como Final del juego (1956), Las armas secretas (1959) o Historias de cronopios y famas (1962). Viaja a París (ciudad de la que se queda prendado y que posteriormente será su lugar de residencia habitual) becado por el gobierno francés en 1951. En 1952 trabajará como traductor en la UNESCO. Julio Cortázar dará el gran salto del cuento a la novela con Rayuela (1963) una obra arriesgada que se convertirá en uno de los principales referentes de la novela hispanoamericana del siglo XX. A partir 1977 apoyará a la causa sandinista nicaragüense. Julio Cortázar muere en 1984 de leucemia. Otras obras del autor son: Vuelta al día en ochenta mundos (1967) o 62, modelo para armar (1968).

2. Contexto literario de la obra.
En la década de los 60 se produce en Hispanoamérica una explosión literaria que se ha venido a denominar ‘Boom de los 60’. Toda una pléyade de escritores comienzan a publicar obras magníficas que, sin duda alguna, forman ya parte de la historia de la literatura universal. A pesar de la diversidad de tendencias, se observa una evolución en los personajes, pues son más profundos que antes; aparece el realismo mágico y el experimentalismo. Algunos de estos fabulosos escritores del ‘Boom’ son: Gabriel García Máquez, Mario Vargas Llosa, Isabel Allende, Carlos Fuentes, y cómo no, Julio Cortázar. El siglo XXI es heredero directo de toda esa explosión editorial, veremos qué nos depara.

3. Comentario de la obra.
En Rayuela encontramos un libro como tal, con sus personajes, con su estructura y estilo, pero además contiene una teorización de la novelística contemporánea. La obra requiere de un lector activo, pues necesita poner su mente a trabajar ante la graciosa broma que Cortázar le propone. El autor reflexiona sobre la herramienta instrumental, esto es, el lenguaje y desconfía de él desligándolo de su contenido referencial; cosa que hemos de tomarlo simplemente como un rasgo de humor puesto que, como dijo Wittgenstein, ‘Los límites de mi lenguaje son los límites de mi pensamiento’. Lamentablemente no es este el sitio de adentrarnos en tan apasionante tema porque nos llevaría páginas y páginas desmenuzar los contenidos de tan -en apariencia- simple afirmación, baste decir que categorizamos el mundo en tanto en cuanto tenemos palabras para tal empresa, algo que no podemos decir no existe en nuestra mente. Así, el propio Cortázar diría años más tarde que en Rayuela ‘hay un ataque directo al lenguaje […] Los personajes del libro se obstinan en creer que el lenguaje es un obstáculo entre el hombre y su ser más profundo’. Efectivamente es una obstinación puesto que somos porque pensamos, y no podemos pensar sin el lenguaje.

Rayuela es un libro con un ‘orden desordenado’ que permite una multiplicidad de lecturas que asombra al lector. El autor quiere hacer un libro cuya lectura sea inacabable -y ciertamente en algunos momentos de la obra pareciera que lo fuera- pero ateniéndonos a la justa voluntad de Julio Cortázar hemos de decir que el capítulo 58 nos remite al 131 y éste nuevamente al 58 envolviendo al lector en un círculo sin fin. La estructura de la novela, flexible y dinámica, hace que Rayuela sea ‘a su manera’ muchos libros ‘pero sobre todo dos’ tal y como nos apunta el propio autor.

Pero para comprender esta obra (al igual que muchos de los cuentos de Cortázar) es obligada una relectura que nos permitirá percibir una visión global. Los ‘capítulos prescindibles’ de Rayuela han sido menospreciados por parte de la crítica argumentando que Julio Cortázar ha dado un uso -poco lícito- a esos papeles que todo escritor guarda en su cajón y no sabe muy bien qué hacer con ellos, porque ni valen para hacer una novela ni un cuento. Alguno de estos ‘capítulos prescindibles’ tienen bastante mérito por lo arriesgado, Cortázar quiere experimentar con el lenguaje y propone al lector que lo siga, que no se obceque ni se irrite, así pues, llama la atención el capítulo 68. Se narra una escena erótica que se vuelve muy sugerente debido al empleo de un léxico carente de significado pero con una fonética muy expresiva. Como apunta Andrés Amorós en su libro Introducción a la literatura (obra muy recomendable, casi imprescindible, me atrevería a decir) ‘Cortázar juega aquí con el equívoco de alterar el vocabulario dentro de un esquema sintáctico perfectamente lógico y formal’.

Rayuela es la rememoración de una historia sentimental que ya ha finalizado y que está plagada de pinceladas eróticas. Además, podemos observar que está contada con una técnica experimental que exigirá al lector una postura nueva antes de comenzar a leer, merece la pena abrir la mente e inmiscuirse por los recovecos lingüísticos y literarios de la novela.

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