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Quince líneas, (antología)

Quince líneas1. Breve biografía del autor.
El Círculo Cultural Faroni, cuyo presidente es J. Ignacio Fernández, convocó por primera vez el Premio Internacional de Relato Hiperbreve en el año 1993 y estaba dotado -por aquel entonces- con 5.000.000 de ‘zaires’. El Círculo Cultural Faroni está inspirado en el personaje creado por Luis Landero en su famosa novela Juegos de la edad tardía (1990). Quince líneas (1996) tiene una recopilación de los mejores relatos de las tres primeras ediciones del certamen. Paulatinamente, la relevancia del Círculo ha ido afirmándose en el panorama literario español e hispanoamericano. Tal es así que se ha publicado otro volumen de relatos llamado Galería de hiperbreves (2001).

2. Contexto literario de la obra.
En los últimos años hemos asistido a una revalorización del cuento por parte del mundo editorial por medio de recopilaciones de narraciones tanto clásicas como actuales. Quizá, la apuesta más arriesgada sea la publicación de una obra como Quince líneas (1993) centrada en los microcuentos, también llamados miniaturas o cuentos hiperbreves. En este género, destaca, por encima de cualquier otro autor, Augusto Monterroso, que posee el honor de haber escrito el cuento más corto del que se tiene noticia, un relato muy simple en apariencia pero de comentario textual complejísimo. Curiosamente son los escritores hispanoamericanos los que han llevado la voz cantante en este peculiar género narrativo. Algunos nombres que a todos nos suenan son: Julio Cortázar o Jorge Luis Borges.

3. Comentario de la obra.
El volumen intenta conservar un tono vanguardista, pues se incluye el manifiesto que justifica -en cierto modo- la obra. Este manifiesto pretende ser más un desenfadado guiño al lector que un postularse como un verdadero propósito de ruptura como pudo suponer el manifiesto cubista (entre otros) de comienzos de siglo XX.

Quince líneas es -como cuenta Luis Landero- un libro de ‘dejar y tomar’, una selección de miniaturas o relatos hiperbreves que ‘vienen a ser poco más que sonetos en prosa’. Se dice que el cuento es un género en donde todo lo que no tiene una razón de estar debe ser eliminado de la narración para, de este modo, dejar la historia en su estado más puro. Con la miniatura se va un paso más allá, puesto que se trata de un diamante literario que ha sido magistralmente pulido por el escritor. Se ha eliminado el argumento casi por completo, argumento, que debe ser reconstruido en la mente del lector, de ahí que se diga que son sonetos en prosa. El relato ha de ‘sorprender al lector’ y esto requiere que la narración posea un cuidadísimo aspecto formal que dote al contenido de toda la fuerza que necesita. Lo que se dice y -sobre todo- lo que no se dice, han de poner en marcha -sin titubeo alguno- la imaginación de quien lee, pues aquí, más que en ningún otro género, la sugestión es vital. Ciertamente, son cuentos que se leen en apenas unos segundos pero dejan fácilmente su impronta en el lector pues se basan -ante todo- en el efectismo.

Como en toda recopilación, podremos encontrar relatos mejores y peores, pero algunos, unos pocos, son verdaderas joyas literarias. Quizá, el mejor de todos sea ‘Esbozo para un relato’, una narración verdaderamente deliciosa (y de las más largas del volumen, por cierto) que cuestiona las relaciones hombre-mujer evolucionando violentamente desde la más apacible calma hasta la tormenta pasional. Otro de los que llaman poderosamente la atención es: ‘Subliteratura’, cuento que se presenta como una interesante reflexión metaliteraria basada en el proceso creador que ya retratase don Miguel de Unamuno en su famosísima novela Niebla y en la que el personaje protagonista se rebela contra su creador. La originalidad de este cuento hiperbreve es notable y la gracia que posee, también.

Muchos de los cuentos que se presentan en Quince líneas aprovechan interrogantes para, a partir de ahí, construir el relato; otros lo hacen tomando un chiste y otros una reflexión. En cuanto a estos relatos, llamémosles reflexivos, he de hacer notar que algunos fracasan en el intento de convertirse en cuento, pues no pasan de ser meras sentencias más o menos ingeniosas que calan en el lector con más o menos acierto, sin llegar a mostrar una historia. Basten como ejemplos de esto: ‘Regalos’ o ‘Diccionario’, pésimos a mi parecer pero que no deslucen el resultado final, que es muy notable. Los autores han sacado lo mejor de sí y los miembros del Círculo Cultural Faroni han elegido bien los relatos que aparecen en este volumen.

Quince líneas es una obra que me gusta releer cada cierto tiempo, y retorno a ella por su brevedad (ya que en un momento podemos haber leído un número considerable de estas miniaturas) y por esa capacidad que tiene para sorprendernos. Merece la pena contemplar cómo cabe todo un universo narrativo en menos de quince líneas. Sorprendente.

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