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Nada, de Carmen Laforet

1. Breve biografía de la autora.
Carmen Laforet nació en Barcelona en 1921. Justo antes de cumplir dos años, la familia se traslada a Canarias. Tras fallecer su madre siendo ella una adolescente, su padre contrae nuevamente matrimonio pero la relación de Laforet con su madrastra no fue buena. Regresará a Barcelona en 1939 aunque a los tres años de su regreso interrumpe sus estudios y parte hacia Madrid. Su primera obra será Nada (1945) que obtuvo el primer Premio Nadal que se concedió, en 1944. La obra fue llevada a la pantalla en dos ocasiones (1947 y 1956). Carmen Laforet no volvió a publicar en siete años, durante este tiempo se dedicó a su familia y al amor según manifestará luego. Cuando iba a nacer su cuarto hijo aparece su segunda novela: La isla y los demonios (1952). A partir de este momento retoma su carrera de escritora y publicará un libro de relatos titulado La llamada (1954) y volverá a la novela con La mujer nueva (1955). También ha cultivado el género ensayístico con títulos como Gran Canaria (1961) o Mi primer viaje a USA (1981). Otras obras de la autora son: La insolación (1963) y Paralelo 35 (1967).

2. Contexto literario de la obra.
Como nos dicen Lázaro Carreter y Tusón, en los primeros años de la posguerra ‘el ambiente de desorientación cultural […] es muy acusado en el campo de la novela’. Hay una ruptura con la tradición inmediatamente anterior porque -como es obvio- en la España destrozada de aquellos años, la imitación o la continuación de los modelos anteriores no tiene cabida alguna. La narrativa conceptualiza la realidad de forma amarga y triste. Con la Familia de Pascual Duarte (1942) de Camilo José Cela, hace acto de aparición el llamado ‘Tremendismo’ y es tomado como modelo estilístico por multitud de escritores. A mediados de los años 40, comienza su andadura uno de los premios literarios de más prestigio de las letras hispanas: el Nadal y será Carmen Laforet la que primero obtenga el galardón. En este primer Nadal no encontramos -por cierto- vestigio alguno de ‘Tremendismo’. El éxito de público es inmediato y se publicarán tres ediciones de la novela a lo largo de 1945.

3. Comentario de la obra.
Ignacio Agustí, uno de los miembros que concedió aquel primer Premio Nadal, dijo que esta obra era, no solamente un gran libro, sino un libro ‘de una oportunidad asombrosa’. Efectivamente; como veremos en la nueva etapa que comenzaba en el convulso siglo XX, Nada denuncia el hastío y el sufrimiento que padecen los españoles de ese momento.

La novela posee una estructura tripartita que va pareja a la evolución psicológica de Andrea, la protagonista. Su despótica tía Angustias personaliza el entorno opresivo de la primera parte, un entorno que atenaza a la protagonista. Ella intentará gobernar la vida de Andrea con pocos resultados. El tormento en el que vive Andrea se mitigará en buena medida cuando Angustias, tras sufrir un duro desengaño amoroso, decida marchar a un convento. En la segunda parte Andrea, liberada ya de las cadenas de la tía Angustias, creía haber diferenciado hasta ahora los dos mundos en los que se movía, por un lado la casa de su familia y por otro, el mundo exterior. Pero ambos se funden ahora en uno solo, si bien ella tiene conciencia de que la casa de la calle Aribau supone una exageración del mundo exterior. En efecto, en aquella casa, tal y como cuenta la protagonista, los sucesos más nimios e insignificantes son dotados de tintes trágicos. Finalmente, en la última parte nos encontramos con una Andrea que ha recorrido un largo camino y está medianamente segura de sí misma. Andrea parece controlar su propio mundo, un mundo que no tardará en sufrir una metamorfosis que se supone catártica, pues el ambiente de Barcelona es del todo desagradable para ella y opta por viajar a Madrid. La casa ha sido el punto de partida del viaje cognitivo de la protagonista, la vida de Andrea comienza realmente al finalizar la novela, un mundo nuevo se abre ante sus ojos.

El resto de personajes que aparecen en la novela representa un mundo gris que descubre la cara más desagradable y oscura del ser humano. Estos personajes protagonizan un buen número de pasajes sombríos que dejan en el lector una sensación incómoda, al mismo tiempo que contribuyen a la evolución que Andrea debe emprender para afianzar su personalidad si no quiere enloquecer. Es interesante, en este punto, reseñar lo apuntado por José María Cossío pues ‘no sería exacto decir que los caracteres de [los personajes] aparecen desnudos; es más propio decir que sus criaturas aparecen descarnadas’. El entorno desquiciante en el que vive Andrea representará una amenaza. La protagonista puede sobrevivir en él y hacerse más sabia y fuerte o por el contrario -si no posee la suficiente fortaleza- sucumbir y terminar formando parte de ese ambiente que tanto detesta. Sin embargo, como señala Foster, a Andrea, nada le ha sucedido desde el punto de vista material, ‘pero emocionalmente, los grandes arrebatos surgidos en torno a la casa de la calle de Aribau la han cambiado mucho’ y la han cambiado para bien. La Andrea que cierra la novela dista mucho de aquella que comenzaba la obra.

Es importante reseñar que la narradora de la novela es la misma Andrea y el lector se preguntará en no pocas ocasiones cuánto de Carmen Laforet hay en Andrea. Probablemente mucho, porque existen ciertas similitudes entre el devenir narrativo y su biografía. Nada no podrá dejarnos indiferentes, algo incómodo se habrá instalado en nuestro ánimo tras la lectura de la obra. Quizá, cuando reflexionemos, podamos descifrar qué es esa Nada que se ha instalado dentro de nosotros y nos produce tal desasosiego. Quizá, ese poso que deja la novela sea pasajero, porque, decididamente, estos tiempos posmodernos que ahora vivimos nada tienen que ver -afortunadamente- con los del franquismo.

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