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Tala, de Gabriela Mistral

1. Breve biografía del autor.
Lucila Godoy Alcayaga nació Vicuña (Chile) en 1889. Su infancia fue bastante difícil pues su padre se marchó dejando abandonada a la familia. Con quince años publicó sus primeros poemas en la prensa local y comenzó los estudios de magisterio graduándose en 1910. En aquellos años la escritora se enamoró de un empleado de ferrocarriles que se suicidó sin razón aparente, suceso este que la dejaría marcada de por vida y motivaría sus Sonetos de la muerte (1914). Su primera gran obra publicada es Desolación (1922) de tendencias modernistas y en la que se puede apreciar ya la aparición de ese tono intimista tan característico de su poesía. Pronto abandonará su trabajo como maestra para aceptar el cargo de cónsul. Publica Tala (1938) y poco después, en 1945, recibiría el premio Nobel de Literatura. Tras ostentar el cargo de cónsul en Nueva York enfermó de cáncer y falleció en 1957 recibiendo multitud de homenajes póstumos de un Chile desolado ante la pérdida de su escritora. Otras obras de la autora son: Lecturas para mujeres (1923), Ternura (1924), Lagar (1954) y su obra póstuma: Poema de Chile (1967).

2. Contexto literario de la obra.
El convulso despertar del siglo XX está protagonizado por la Revolución Mexicana, la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa. En este marco histórico surge un grupo de autores que se encuentran entre el modernismo y la poesía de vanguardia y que -ante tanta calamidad- vuelven la mirada hacia las cosas sencillas. Es una literatura ciertamente intimista en el que las escritoras tendrán un papel protagonista. Algunas figuras importantes del postmodernismo son Alfonsina Storni, Ramón López Velarde, Juana de Ibarbourou, Evaristo Carriego, Delmira Agustini y, por supuesto, Gabriela Mistral.

3. Comentario de la obra.
Los beneficios que produjo la venta de Tala fueron donados por la autora a los niños españoles que tuvieron que salir de nuestro país debido a la Guerra Civil. Comparando esta obra con otras de Gabriela Mistral, observamos que se ha producido una clara depuración del lenguaje poético. Ya no aparecen los versos alejandrinos y comienza a hacer uso del verso libre en una poesía que, sobre todo, pretende comunicar y, para ello, opta por eliminar los elementos que pudieran dificultar esta comunicación. Aún así, la escritora se atiene a formas métricas precisas y, cuando lo cree necesario, rompe la rima dejando algún verso abrupto en un proceso de desautomatización del proceso poético. Tala comienza con una serie de poemas dedicados a la muerte de su madre y la ausencia materna condicionarán el posterior desarrollo de la obra llevando a la poetisa a rechazar la realidad en medio de una amarga desesperanza.

El título del libro alude a la liberación necesaria para emprender el camino creativo que la escritura requiere, necesitamos desprendernos de todo aquello que nos pueda lastrar, pero también -en una interesante paradoja- hay que reseñar que ‘tala’ es un árbol frondoso y espinoso de Chile. Estamos ante un libro cargado de simbolismo en el que la presencia del mundo bíblico es muy notoria. Además, debemos reseñar que la delicada sensibilidad de la poetisa supone que tanto el mundo de los niños como el de la amistad estén tratados con un tono mucho más distendido y relajado que el empleado en los poemas de temática bíblica. Así, en el apartado ‘Recados’, encontramos una muy tierna inclinación hacia el mundo infantil; algo que ya habíamos visto antes en su producción literaria como, por ejemplo, en Ternura.

Gabriela Mistral -a través de una perspectiva panteísta de la realidad- establece una asociación íntima con las cosas sencillas de la vida y pudiendo observar una acomodación absoluta entre materia y persona debido a que el yo poético se encuentra indefenso y, para salvarse, busca la asociación con la naturaleza. En ocasiones coincide con Neruda, pues éste -en una vuelta a lo natural- convierte una simple piedra en símbolo de eternidad, asociación que también podemos percibir en Gabriela Mistral. Mención especial merece el poema ‘Todas íbamos a ser reinas’ pues es una composición autobiográfica en la que se pueden apreciar las ilusiones -finalmente frustradas- de la autora.

En el apartado de ‘América’ busca la fusión con el mundo americano, y es ciertamente interesante la selección léxica que establece en sus composiciones pues emplea términos casi en desuso haciendo que retomen su fuerza semántica. Como muy bien apunta Nuria Girona, la presencia de estos elementos americanos resalta el regionalismo de la obra y llama poderosamente la atención que la nación -como espacio imaginado- está ausente en Tala y Chile está considerado como un territorio ecológico.

Tala debe ser lectura obligada para todo aquél que desee formarse una idea certera de la delicada sensibilidad de una Gabriela Mistral que transmite siempre honda ternura. No estaría de más complementar dicha lectura con Desolación, otra de las obras fundamentales de esta escritora que tan merecidamente consiguió el Premio Nobel de Literatura.

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