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La ruta de Don Quijote, de Azorín

1. Breve biografía del autor.
José Martínez Ruiz nació en Monóvar (Valencia) en 1873. Estudió leyes en Valencia y, tras recalar brevemente en Salamanca (en donde conoce a Unamuno), se instala en la capital de España. Azorín es el protagonista de sus tres primeros libros, siendo el más autobiográfico Las confesiones de un pequeño filósofo (1904). Será con Los pueblos (1905) cuando comience a firmar con el pseudónimo de Azorín en una curiosa interferencia de la vida en la literatura y viceversa. La ruta de don Quijote (1905) se publicó originariamente en un diario para pasar, posteriormente, a ser editada en formato de libro. El autor posee en sus comienzos una ideología cercana al anarquismo, pero, paulatinamente, va aproximándose a la derecha. Fue diputado en el partido conservador de Maura y acaba siendo partidario del franquismo. Sin embargo, su escritura es neutra desde el punto de vista político. Su vida está marcada por sus colaboraciones en la prensa. Azorín cultivó todos los géneros excepto la poesía lírica. Castilla (1912) es una de las obras más hermosas del escritor. Azorín falleció en 1967 en Madrid. Otras obras del autor son: Diario de un enfermo (1900), La voluntad (1902), Los pueblos (1905) o Clásicos y modernos (1913).

2. Contexto literario de la obra.
En los primeros compases del tempestuoso siglo XX, pueden verse aún los ecos de ese Naturalismo descafeinado que tuvimos en España. Las tendencias modernistas se apoderan del discurso literario a manos de Rubén Darío. Es en estos momentos cuando un grupo de autores realiza una auténtica revolución en el campo de la novela, hablamos de Valle-Inclán, Baroja, Azorín y Unamuno. En esta nueva narrativa, el subjetivismo irrumpe con increíble fuerza y va acompañado de una sincera preocupación artística y no sólo desde el punto de vista estilístico. Lo que tradicionalmente se ha venido denominando Generación del 98 o Noventaiochismo forma parte intrínseca del Modernismo. De hecho, Baroja discrepa en cuanto a que exista una generación como tal, en esta cuestión es el más coherente, pues asegura que hay muchas diferencias ideológicas y políticas entre sus compañeros de grupo. A pesar de que Azorín persigue un modelo antielocuente y antiretórico, su obra sigue teniendo vigencia en la actualidad. Podemos decir que la obra de Azorín es una amalgama entre el artículo, la crónica de viajes, el ensayo y el poema en prosa. Hasta el siglo XX, los géneros literarios habían estado muy bien clasificados y es ahora cuando comienza la desintegración de los géneros, siendo, incluso, negada su existencia por parte de la crítica.

3. Comentario de la obra.
La obra que ahora nos ocupa ha sido considerada de muy diferente forma a lo largo del tiempo. El cervantista y académico de la lengua Francisco Rodríguez Marín define a la obrita como ‘tentativas baladíes en que no hay pizca de cervantismo’. Hay que decir que Azorín no desea realizar un estudio riguroso sobre la ruta de Don Quijote, por el contrario desea salir de la abstracción de la que pecan los aficionados a los libros, papeles y documentos sin explorar el espacio en el que se encuadra la novela: La Mancha.

Posiblemente, el lector actual, tras leer el título, piense que se pueda tratar de una especie de guía turística. Nada más lejos de la realidad; La ruta del Quijote es una novela de viajes, unos viajes que Azorín realizó utilizando los precarios medios de transporte (sobre todo el carro) de principios del siglo XX con una maleta de cartón y una capa para resguardarse del frío ‘a recorrer brevemente los lugares que don Quijote recorriera’. Es pertinente señalar que no se encuentran todos los lugares por los que pasó el Caballero de la Triste Figura. Se cree que esta brevedad pudo estar motivada por las premisas que el director de ‘El Imparcial’ dio a Azorín, pues, como ya hemos indicado, estamos ante un libro que se publicó inicialmente en dicho periódico.

José María Martínez Cachero, en su edición de esta obra azoriniana, señala que no es un paraje alegre lo que nos muestra el autor y, por ejemplo, El Toboso es presentado como un pueblo ‘vetusto, muerto’ y ‘hay aquí una condensación, una síntesis de toda la tristeza de La Mancha’ quizá motivado por la inevitable percepción noventayochista de la realidad que poseía su autor. Así, la obra posee numerosos pasajes descriptivos en donde se nos ofrece retratos de personas y lugares a través de una técnica impresionista ‘que supone una libre y significativa selección de pormenores’.

Como se ha dicho en alguna ocasión, la obra ha sido escrita entre el humor benevolente y el placer de describir minucias. Son muchos los que han denostado la obra que comento pero lo cierto es que el tiempo parecer haberla puesto en su sitio pues, a pesar de ser una obra menor de su autor, supone un bello ejercicio estilístico y una revisión de La Mancha como espacio literario en el que se encuadra la mejor novela de todos los tiempos. Azorín parte de la nostalgia para indagar en la esencia de esa España decadente y deshecha que fue la del 98. La ruta del Quijote es un excelente pretexto para acercarse a la obra cervantina y, si el lector lo tiene a bien, plantearse iniciar su propia ruta del Quijote que tan mimada y cuidada tiene la Consejería de Turismo de Castilla La Mancha. Disfrutemos de nuestra literatura.

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