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Historia de una escalera, de Antonio Buero Vallejo

1. Breve biografía del autor.
Antonio Buero Vallejo nació en Guadalajara en 1916. Cursó Bellas Artes en Madrid. Se alistó en el ejército leal a la República al comenzar la Guerra Civil siendo más tarde condenado a muerte. Afortunadamente, la suerte le sonreirá y la sentencia no será llevada a cabo. En la cárcel coincide con un Miguel Hernández al que le quedan pocos días de vida. Con Historia de una escalera (1949) gana el premio Lope de Vega y su exitoso estreno supuso una revolución en las tablas españolas de la posguerra. En la década de los 60 su teatro comienza a traducirse a otras lenguas y sus obras son representadas en los teatros europeos y americanos con verdadero interés por parte tanto del público como de la crítica. En 1971 ingresa en la Real Academia Española y el mismo día en el que se estrenó Lázaro en el laberinto (1986) se le concede el Premio Cervantes. Además en 1996 el Premio Nacional de las Letras Españolas. Antonio Buero Vallejo falleció en el año 2000 y tuvo un emotiva despedida pues seis mil personas desfilaron por la capilla ardiente en el Teatro María Guerrero de Madrid en donde había una corona de flores enviada por la familia de Miguel Hernández. Otras obras del autor son: En la ardiente oscuridad (1949), Hoy es fiesta (1956), Las cartas boca abajo (1957), El tragaluz (1967) o La fundación (1974).

2. Contexto literario de la obra.
Desde el principio, la crítica estableció una división en la dramaturgia de Buero Vallejo: por un lado quiso ver un drama realista (el caso de Historia de una escalera) y por otro una tendencia simbólica que se iniciaría con Ardiente oscuridad (1949). Sin embargo, el propio Buero puntualizó que ‘en el supuesto de que ambas tendencias definiesen mejor que otras los dos polos de mi teatro, los encontraríamos en cada obra bastante más mezcladas de lo que parece […] Opino que no hay tal tendencia doble, sino en realidad una sola que a veces se disfraza de realismo y a veces de otras cosas’. Lo cierto es que su carrera estuvo marcada por el compromiso social, por el antifranquismo y por el afán de renovación del teatro. Al bueno de Buero siempre lo recordaremos por su humanidad, por su buen hacer y sobre todo por su sinceridad.

3. Comentario de la obra.
La obra comienza sacando a escena la precariedad económica de la clase humilde en tiempos del franquismo. Para ello, Buero Vallejo echa mano de un recurso ciertamente elegante: nos va presentando a los personajes a través de un cobrador de la luz que va llamando a cada una de las casas haciendo que los inquilinos salgan de sus oscuras y tristes viviendas para dar cuenta de la idiosincrasia de su existencia.

El texto de Historia de una escalera es muy expresivo y permite que el lector se forme una correcta idea de cómo el dramaturgo quiso que los actores actuasen, pues este texto posee una fuerte acotación implícita. El espacio dramático está considerado desde una perspectiva original puesto que a priori podemos pensar que la oscura escalera de una casa es un lugar público y los apartamentos lugares privados, sin embargo, la escalera es en la obra, el sitio donde los personajes nos revelan sus inquietudes y hacen sus confesiones. Así, tenemos un lugar cerrado sempiterno e inmutable (que apenas cambia en treinta años) que es protagonista silencioso de las pasiones que mueven el mundo de los inquilinos de la casa.

Como muy bien apunta Virtudes Serrano, ‘la idea de reiteración, unida a la de un destino que actúa en varias dimensiones, marca profundamente la pieza con el sello de la tragedia’. Buero Vallejo siempre afirmó que consideraba a la vida misma como una tragedia. Las historias de los personajes se repiten en la que protagonizan sus vástagos, acentuando así el determinismo de un mundo del que es imposible escapar, un mundo sucio y oscuro en la historia reciente de España. Sin embargo debemos apuntar aquí, que el fracaso no proviene exclusivamente del ambiente determinista sino, también, del propio individuo, que con pusilánime actitud no está por la labor de emprender el proceso catártico que lo saque de su patético mundo.

Coincido con Ruiz Ramón en que la pieza no guarda -como se ha venido diciendo- parentesco alguno con el sainete ’pues la identidad de clase social entre los personajes de aquélla y de éste no basta para establecer dicha relación’. Buero nos muestra un desgarro social trascendente en el que residen unos personajes alejados de la vacua tipología sainetesca.

El drama se cierra con un interrogante: ¿fracasarán los hijos al igual que fracasaron sus padres? Éste es un aspecto esencial de la dramaturgia de Buero Vallejo pues el drama trasciende su propia razón de ser para trasladarse al espectador (o lector) dejándole en una incómoda situación que debe ser resuelta mediante la reflexión atenta, pues la historia de esta singular escalera, no es otra cosa, que la historia de nuestra vida.

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