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El conde Lucanor, de Don Juan Manuel

1. Breve biografía del autor.
Don Juan Manuel nació en Escalona en 1282. El autor de El conde Lucanor (1335) era sobrino de Alfonso X y participó en las intestinas luchas que los nobles mantuvieron durante los reinados de Fernando IV y Alfonso XI, con el objetivo de alcanzar el trono. De su padre heredó grandes extensiones de tierra en Murcia. Se casó con la Infanta Isabel en 1299 pero ésta falleció en 1301. Se le encargó defender la frontera de los árabes, pero continuó luchando por el poder. A lo largo de su vida se casó dos veces más y, aunque le fue imposible coronarse rey. Sus dos hijas (Constanza e Isabel) sí llegaron a ser reinas, una de Portugal y la otra de Castilla. Finalmente, se apartó de la lucha por el trono y, tras algunas desavenencias, guardó lealtad al rey poniendo su espada a su servicio en varias batallas. El escritor falleció en la ciudad de Córdoba en 1348. Otras obras del autor son: el Libro del cavallero et del escudero (1326), el Libro de los estados (1332) o el Libro de la cavallería (que, como otras obras de Don Juan Manuel, se ha perdido).

2. Contexto literario de la obra.
Hasta el siglo XIII, la literatura castellana había sido de tradición oral y poseía un carácter fundamentalmente popular, pues los poetas cultos gustaban de usar el gallego-portugués para sus composiciones. Es en este momento cuando aparece una figura (la de Alfonso X, el Sabio) que preferirá escribir en castellano a hacerlo en latín, la lengua culta hasta entonces. De entre las obras en las que intervino Alfonso X (pues muchas estaban a cargo de un equipo de colaboradores) destacan, sobre todas las demás, General Estoria (que durante el reinado de Sancho IV aún se trabajaba en ella) y Estoria de España (1270). Hay que recordar la clara primacía que poseía, en estos momentos, la cultura árabe sobre la castellana. Alfonso X, en pos del progreso científico, ordenó traducir las obras escritas en árabe en la famosa Escuela de Traductores de Toledo (creada en el siglo XII). A finales del siglo XIV, la prosa castellana nos brindará La Celestina (1499), una obra maestra que ha trascendido fronteras y culturas hasta el punto de ser uno de los referentes de la cultura universal.

3. Comentario de la obra.
El propio autor no supo muy bien qué nombre debía llevar esta obra y la nombra de diversas maneras, como por ejemplo: Libro del conde, Libro de Patronio o Libro de los exiemplos, si bien no sería hasta 1575, fecha de su primera impresión, cuando se fijase definitivamente su título: El conde Lucanor. Podemos dividir la obra en cinco partes, siendo la primera de todas la más importante pues contiene cincuenta y un cuentos que finalizan siempre con una moraleja. Los cuentos (también llamados exempla) que encontramos en El conde Lucanor proceden de la tradición oriental, árabe, hispánica, y cristiana. Para que la obra no fuese una simple concatenación de historias, Don Juan Manuel creó un marco narrativo que le otorga coherencia y unidad. Así, el conde Lucanor pide consejo a su fiel Patronio sobre algún asunto que le inquieta. Patronio, con marcado afán pedagógico, explica su parecer mediante un relato. La estructura de dichos relatos siempre sigue un patrón similar: planteamiento del problema, fábula, resolución y moraleja.

Destaca el cuidado estilo que posee la obra, pues el autor emplea un léxico sencillo y conciso para que las enseñanzas que quiere transmitir sean fácilmente asimilables por los lectores, tanto es así que no teme hacer uso de palabras populares. Como señala José García López, podemos considerar al autor como el primer prosista castellano que ha desarrollado un estilo personal pues adereza la narración con diversos rasgos irónicos que nos traen una nota de humor haciendo la lectura muy amena.

Si atendemos a los personajes, podremos decir que Patronio encarna la mesura, la racionalidad y Lucanor, la impulsividad. En esta oposición de contrarios, siempre triunfa la razón sobre la pasión. Sin embargo, es muy interesante considerar la fusión de ambos personajes en uno solo para mostrar las dos caras de la psicología de ese hipotético personaje único. Hemos de reseñar que Don Juan Manuel se adelanta a su tiempo, crea unos personajes completamente verosímiles, tanto que parecen trascender el papel y entrar en el mundo real.

Debido a la importante carga autobiográfica que Don Juan Manuel vertió en la obra, entendemos que ésta se trata de una explicación que pretendía justificar su modo de vida. En definitiva, no hemos de olvidar que el objetivo de El conde Lucanor es didáctico y persigue ensanchar las miras de los lectores (nobles, en la época) desde la reflexión y la mesura. Merece la pena detenerse a leer, si no toda la obra, sí algunas de sus historias, pues es interesante analizar los textos del primer escritor que tuvo conciencia precisamente de eso, de ser escritor, curiosamente, detalle este por lo que fue bastante criticado en su tiempo.

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