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Soledades, galerías y otros poemas, de Antonio Machado

1. Breve biografía del autor.
Antonio Machado nació en Sevilla en 1875. Ocho años más tarde, la familia del poeta se traslada a Madrid y él estudiará en la Institución Libre de Enseñanza. La pasión de su padre por el folclore y las composiciones populares influirá determinantemente en la producción poética de los hermanos Machado. En 1893 muere su padre y es el año en el que aparecen publicados sus primeros textos y lo hacen en una revista satírica llamada ‘La caricatura’. Sus primeros poemas están publicados en la revista ‘Electra’ (1901), pero no será hasta dos años más tarde cuando podamos ver su primer libro de poemas publicado, éste lleva por nombre Soledades (1903). A partir de aquí comienza una frenética carrera literaria, entabla amistad con los literatos más importantes del momento, publica regularmente en prensa y en 1907 obtiene la cátedra de francés en Soria. Allí conoce a la que será su esposa: Leonor Izquierdo. Tras quitar algunas composiciones y añadir otros muchos poemas de su primer libro, aparece Soledades, galerías y otros poemas (1907). Su obra Campos de Castilla (1912) obtiene un éxito inmediato y es alabado por los escritores de renombre. Poco tiempo después de la publicación de esta obra muere su mujer y el poeta se sume en la tristeza. Tras el golpe de estado, Machado se mantiene fiel a la República. Ingresa en la Real Academia Española de la Lengua en 1938. En 1939 tiene que pasar la frontera francesa junto con su familia huyendo de los nacionales y, exhaustos, llegan a Collioure. Antonio Machado fallece en esa localidad y su madre muere tres días después. Su hermano Manuel Machado quedó en la zona nacional y hubo de aparentar fidelidad a los golpistas para salvar su vida. Otras obras del escritor son: Proverbios y cantares (1923), Nuevas canciones (1924) o Juan de Mairena (1937).

2. Contexto literario de la obra.
Ni Antonio Machado, ni Miguel de Unamuno pueden encuadrarse fielmente dentro de la línea artística del momento: el Modernismo. Y aunque esto no se ha de tomar como una brusca ruptura con la tradición, sí se encuentran más próximos a lo que se ha venido a denominar ‘Generación del 98’ (con todo lo que ello implica). Su poesía está muy presente en los años de la posguerra y Antonio Machado resulta un modelo para los poetas de esos años, poetas que intentan rehumanizar la poesía después de la deshumanización llevada a cabo por las vanguardias.

3. Comentario de la obra.
El título (Soledades) evoca al poema homónimo de don Luis de Góngora, si bien esto es casual. Remite al tema de la soledad y al mismo tiempo nos trae reminiscencias de la ‘soleá’, un canto popular andaluz de carácter triste y trágico. Si en los libros de Manuel Machado encontrábamos un amplio registro tonal, no pasa esto en la producción poética de su hermano. Así, encontramos diversas palabras-tema que se repiten constantemente en un simbolismo que indaga en las ‘realidades profundas’, en las ‘obsesiones íntimas’, tal es el caso del ‘jardín’ como elemento extraído de la tradición modernista que se encuentra asociado a la melancolía pudiendo significar en ocasiones ‘cementerio’; ‘la fuente’ como símbolo del amor, pues es donde el amante encuentra a la dama, aunque Machado da un giro a esta concepción y se queda con la monotonía del agua cayendo siempre del mismo modo. Uno de los símbolos más interesantes es el ‘espejo’ pues representa la introspección del ‘yo’ para rememorar estadios ya pasados de su vida. Quizá uno de los más recurrentes e importantes sea ‘el camino’. El poeta considera la vida como un camino, y mientras marcha por la senda se rememoran las etapas felices, pero también las tristes. Tras esto, el poeta queda en un estado de soledad, melancolía y frustración. El Modernismo de la obra puede tildarse de intimista y según apunta Lázaro Carreter, ‘recuerda -en no pocas ocasiones- a Bécquer o a Rosalía de Castro. Machado […] escribe «mirando hacia adentro», tratando de apresar en un «íntimo monólogo», los «universales del sentimiento»’, esto es: el tiempo, la muerte y Dios. Pero no debemos obviar que este Modernismo de Machado está muy alejado del que cultiva Rubén Darío, mucho más decorativo.

Como muy bien apunta García López, en esta obra observamos ya ‘la sencillez formal y la nota de dolorido cansancio que habrán de perdurar en su producción posterior’. Es oportuno ahora que tomemos en cuenta que si bien Antonio Machado no fue un gran innovador en las formas métricas, su principal ‘contribución se halla más bien en el sutil ritmo interno del verso, que apoya la densidad simbólica y la precisión lingüística de su expresión poética’ donde casi todos los poemas poseen un circunstante espacial y otro temporal que son indisociables.

Éste es un libro en el que la poesía se contempla como un modo de acceder a sectores de la intimidad que de otro modo estarían vedados. Así, el poeta intenta desentrañar el interior del alma, algo que también aparece en Unamuno, recordemos aquello del ‘buscarse a sí mismo’. El alma es vista como un conjunto de galerías sin fondo, que se entrelazan formando un laberinto.

Los poemas de Soledades, galerías y otros poemas han de leerse como un todo aunque sean independientes, y así disfrutar de la magnífica poesía de uno de nuestros mejores poetas de todos los tiempos.

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