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Niebla, de Miguel de Unamuno

1. Breve biografía del autor.
Miguel de Unamuno y Jugo nació en Bilbao en 1864. Realizó estudios de Filosofía y Letras en Madrid para conseguir la cátedra de griego en la Universidad de Salamanca, de la que posteriormente sería elegido rector. Unamuno posee, en palabras de Lázaro Carreter, una ‘personalidad fortísima y desgarrada que se debate en una continua lucha interior’. Publica Niebla (1914), una novela que está destinada a ingresar con todos los méritos en la Historia de la Literatura Universal. Sufre el destierro en Fuerteventura por oponerse a la dictadura de Primo de Rivera. Tras caer el dictador vuelve a la península y adopta una actitud veleidosa ante el golpe de estado del 36. En un discurso se opone al levantamiento con la famosa frase ‘Venceréis pero no convenceréis’ y es destituido del cargo de catedrático y sometido a arresto domiciliario. Miguel de Unamuno murió en su domicilio en 1936. Otras obras del autor: Paz en la guerra (1897), Amor y pedagogía (1902), Abel Sánchez (1917), La tía Tula (1921), La agonía del cristianismo (1925) o San Manuel Bueno Mártir (1930).

2. Contexto literario de la obra.
En los primeros compases del tempestuoso siglo XX pueden verse aún los ecos de ese Naturalismo descafeinado que tuvimos en España. Las tendencias modernistas se apoderan del discurso literario a manos de Rubén Darío. Es en estos momentos cuando un grupo de autores realiza una auténtica revolución en el campo de la novela, hablamos de Valle-Inclán, Baroja, Azorín y Unamuno. En esta nueva narrativa, el subjetivismo irrumpe con increíble fuerza y va acompañado de una sincera preocupación artística, no sólo del estilo sino también de las estructuras narrativas. Niebla (1914) es contemporánea en su escritura a Del sentimiento trágico de la vida (1913) -su ensayo filosófico- y a Fedra (1910), ambas de don Miguel. El escritor que ahora nos ocupa está en contra de la razón, piensa que el irracionalismo es una valiosa fuerza vital aunque cree en un sentimiento religioso muy particular pues su postura está muy alejada de la ortodoxia.

3. Comentario de la obra.
El título de la obra es enigmático y aparece muchas veces explicado en el texto: la ‘niebla’ está considerada como el símbolo del desasosiego espiritual. La concepción de la novela era en esos momentos claramente decimonónica, a partir de Niebla eso se rompe, el discurso narrativo no crece de manera orgánica y sistemática. Su deseo es el de dar la impresión de que no hay ningún plan preconcebido, se intenta que la novela transcurra por sí sola, que los personajes sean autónomos. Con esto quiere reflejar lo que es la vida. Sin embargo no hay verosimilitud psicológica en el protagonista. Así, ese efecto de arbitrariedad, de que la novela no tiene plan, lo consigue Unamuno a través de la indeterminación lógica y psicológica creando un personaje que vive y actúa de forma improvisada desde el comienzo mismo de la obra, cuando Augusto, el irreverente protagonista, decide esperar a que pase un perro y seguirlo, pero como antes pasa una ‘garrida moza’, tras ella se fue. Pero todo esto es una arbitrariedad controlada, sistematizada, pues Niebla posee un orden bastante estricto, como prueban los diversos borradores que don Miguel de Unamuno realizó desde 1907 hasta la composición final del texto.

Niebla rompe con las claves de los principios realistas. Unamuno se hace a sí mismo personaje de la propia novela con las características del Unamuno real, ficcionalizando de este modo toda la obra. Augusto Pérez es el personaje más literario y el que menos intenta pasar por personaje real pues supone la representación de una idea sobre el ser humano. La revolución literaria que aporta Unamuno a la Historia de la Literatura Universal sobreviene cuando Augusto toma plena conciencia de que es un personaje literario y hace una visita a Unamuno para rebelarse contra su propio creador. Representa la vida como ficción, pues el hombre no tiene consistencia en sí mismo, no tiene entidad ontológica. El protagonista es un personaje trágico y al mismo tiempo ridículo que actúa de una forma impuesta, literaria y hace de la ficción su vida. Se pregunta por la razón de su existencia y hasta su nombre es un reflejo de su problemática dual, pues Augusto es nombre de emperador romano y Pérez un apellido común. Esto no es gratuito porque todos los nombres que aparecen en Niebla son simbólicos. Augusto representa el papel de enamorado y lo representa verdaderamente mal, pues se verá burlado. La exageración y ridiculización a la que se ve sometido plantea el problema de la personalidad en el ser humano. Como se suele decir, Niebla es la novela de un ser que sabe que no es, aun siendo.

La teoría que sustenta toda la novela se encuentra en el capítulo XVII. Se sugiere una novela sin argumento en la que los personajes se van haciendo poco a poco hasta tomar relevancia propia y en la que cabe absolutamente todo, hasta el punto de desdibujarse sus límites y necesitar de una denominación propia; así, la novela se transforma en nívola. Unamuno asegura en la obra que la novela ha de ser fundamentalmente diálogo y en Niebla son muchas las veces que los personajes quedan solos, alejados de la mano del narrador. Esto será puesto en práctica algún tiempo más tarde por Rafael Sánchez Ferlosio en una obra magistral: El Jarama.

La estructura de Niebla está hecha a semejanza de uno de los libros que más apasionaban a Unamuno: El Quijote; tanto es así, que casi se puede afirmar -sin temor alguno a equivocarnos- que Unamuno sentía verdaderos celos de Miguel de Cervantes. Así pues, la estructura de la novela calca a la del Quijote pero no debe pensarse en caso alguno que se trate de un plagio, todo lo contrario, como señala Mario J. Valdés ‘la imitación se convierte en texto original’.

En verdad tenemos que felicitarnos, pues Niebla es una de esas obras selectas e imperecederas de la producción literaria universal. Es una lectura imprescindible, sublime y magnífica que genera en el lector un enorme deleite.

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