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Marinero en tierra, de Rafael Alberti

1. Breve biografía del autor.
Rafael Alberti nace en El Puerto de Santa María (Cádiz) en 1902. Su familia se traslada a Madrid en 1917 y no cursa estudios superiores. Su primera obra: Marinero en tierra (1924) obtiene el Premio Nacional de Literatura. Conoce a los miembros del denominado Grupo poético del 27 y participa en la vida de la Residencia de Estudiantes. Con la llegada de la Segunda República su ideología está próxima al marxismo revolucionario. Cuando estalló la Guerra Civil, Alberti y su mujer estaban en Ibiza. Se ocultaron en una cueva y poco después lograron escapar con la ayuda de unos pescadores. Poco después se toparon con un barco de la República y pudieron llegar a Madrid. En 1939 comenzó un largo exilio que no acabaría hasta 1977 cuando regresó a España con su mujer, su hija y un perrillo que se había encontrado en el Trastévere romano. Nada más bajar del avión dijo unas palabras que han quedado para la historia: ‘Salí de España con el puño cerrado, pero ahora vuelvo con la mano abierta en señal de paz y reconciliación’. Rafael Alberti falleció en su pueblo natal en 1999. Otras obras del autor son: Sobre los ángeles (1929), El hombre deshabitado (1931), El poeta en la calle (1936), De un momento a otro (1937-1939), Ora marítima (1953) o La arboleda perdida (1959).

2. Contexto literario de la obra.
Andalucía tiene el orgullo de haber dado grandísimos escritores que han enriquecido con mucho la literatura universal: desde Luis de Góngora, Francisco de Rioja, Luis Vélez de Guevara o Gustavo Adolfo Bécquer a Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, o Rafael Alberti. El Modernismo se considera agotado desde aproximadamente 1915 y aparece el Ultraísmo, un movimiento de ruptura que revolucionará la escena literaria europea a base de manifiestos y obras que pretenden cortar todo ligamento con la tradición anterior. Es una literatura de revista y los -ismos (como se les vinieron a denominar, verbigracia futurismo o dadaísmo) se ahogan en su propio deseo de renovación. Aparece entonces una expresión nueva que daría unos resultados sorprendentes en un nutrido grupo de nuevos y excelentes poetas: el Surrealismo. Debo aclarar que el Surrealismo español se originó independientemente del francés, y autores (que tradicionalmente han sido considerados surrealistas) han negado incluso que en España hubiera habido alguna vez vestigio alguno de Surrealismo. Yo particularmente, opino que sí hubo Surrealismo en nuestro país. Sea como fuere, estos poetas nos dejaron un verdadero tesoro literario como no veíamos desde los Siglos de Oro. Una maravilla.

3. Comentario de la obra.
Rafael Alberti, integrante del Grupo poético del 27, nos presenta Marinero en tierra, una obra bellísima aunque de lectura complicada, en la que -como apunta José García López- observamos que aparecen de nuevo ‘los temas y las formas populares, tomadas no directamente del pueblo a la manera de Lorca, sino de la tradición literaria culta’ (ya antes Antonio Machado había incorporado el folclore a su producción poética), y lo hizo de la mano de su amigo -magnífico crítico y mejor poeta- Dámaso Alonso, que le guió en la lectura de escritores como Santillana o Gil Vicente.

Alberti nos cuenta en sus memorias cómo faltaba a clase para irse a torear novillos a las fincas cercanas con un grupo de amigos y bajar a la playa a bañarse en el mar de Cádiz. El poeta gozaba de sobremanera en ‘aquellas horas radiosas, llenas de viento y sales, tembladoras del blanco de las salinas hacia Puerto Real y la Isla, suficientes para empapar toda la vida de infinita luz azul, ya imposible de desterrarla de los ojos’. Tanto es así que el poeta idealiza toda la zona y cuando años más tarde vuelva se sentirá defraudado al comparar el mundo idealizado con la realidad. Alberti se siente tremendamente desmotivado con el colegio y se dedica a pintar ese mundo blanco y azul de Cádiz en acuarelas que merecen el elogio de personas entendidas. Sin embargo, pronto comprenderá que las palabras reflejan mejor sus sentimientos y los útiles de escribir irán sustituyendo paulatinamente a los pinceles. Será este mundo idealizado el que el poeta intente plasmar en los versos de Marinero en tierra, pues cuando compuso la obra el escritor se encontraba en Madrid invadido por la nostalgia que le producía el Atlántico. Así, Alberti nos remite a uno de los temas que más tinta ha hecho correr: el del paraíso perdido.

El protagonista de la obra experimenta las ignotas sensaciones que produce el descubrimiento del amor, un amor que tiene lugar bajo las aguas con una sirenilla y que está contemplado como un sueño, el sueño que un niño ha reconstruido a partir de sus recuerdos infantiles. Como muy bien señala Pedro Salinas (otro de los integrantes del 27), ‘la originalidad [de la obra] consiste en tratar el [tema del] mar no en su magnitud épica sino como un tesoro de sugestiones breves, aladas y graciosas, como un sartal de cantares marineros y en saber dar al verso castellano la flexibilidad, la elegancia y la gracia de que carece, casi desde nuestro Siglo de Oro’. Nadie podría haberlo dicho mejor.

Escribía Miguel García-Posada en cierta ocasión que, con Marinero en tierra, Alberti elevaba ‘el mar a la categoría de mito y cifra’. Sin duda Rafael Alberti es el poeta más universal de su generación y Marinero en tierra es una verdadera maravilla que nos deleitará hasta deslumbrarnos con ese azul intenso que posee el mar en la preciosa Bahía de Cádiz.

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