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La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa

1. Breve biografía del autor.
Mario Vargas Llosa nació en Arequipa (Perú) en 1936. Se licenció en Letras en la Universidad de San Marcos de Lima. Ha residido durante varios años en Londres aunque recientemente ha acondicionando una vivienda en Madrid prestando especial atención a la biblioteca, según sus declaraciones. Su primera obra narrativa es un libro de relatos llamado Los jefes (1959) con el que obtuvo el Premio Leopoldo Alas. Su obra más cuidada y estudiada es La casa verde (1966) una magnífica novela en donde confluyen historias simultáneas; eso, al menos, hasta que apareció La fiesta del Chivo (2000), una verdadera obra maestra. Tras presentarse a las elecciones presidenciales en 1990 para derrotar a Fujimori y perderlas estrepitosamente, abandonó Perú; a partir de ese momento ejercerá una fuerte oposición al gobierno de Fujimori que le calificará de traidor. Mario Vargas Llosa es miembro de la Real Academia Española de la Lengua, fue Premio Príncipe de Asturias en 1986 y Premio Cervantes en 1995. Otras obras del autor son: Conversación en la catedral (1969), La tía Julia y el escribidor (1979), Lituma en los Andes (1993) o La ciudad y los perros (1963).

2. Contexto literario de la obra.
La literatura sobre las dictaduras hispanoamericanas ha generado un buen número de buena narrativa que, aún hoy, parece continuar. Otros autores que han cultivado este tipo de literatura son: Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez o Augusto Roa Bastos. Mario Vargas Llosa, tras publicar novelas de corte erótico y otras de temática mágica (que no de Realismo mágico) se adentra en el análisis histórico de un acontecimiento trascendental en la historia reciente de la República Dominicana. La obra ha generado una cantidad increíble de estudios y comentarios filológicos desde su publicación. Afortunadamente, de vez en cuando salen obras que merecen la pena en el panorama literario actual, y es que, Vargas Llosa, es Vargas Llosa. También la Literatura española ha tratado la figura de Trujillo, Manuel Vázquez Montalbán lo hizo en Galíndez (1990).

3. Comentario de la obra.
Podemos decir, sin temor alguno a equivocarnos, que La fiesta del Chivo es la mejor novela de Mario Vargas Llosa y una de las más grandes obras de la Literatura Hispanoamericana. Aunque pasó tres años escribiéndola, su mente comenzó a madurarla quince años antes, cuando viajó a la República Dominicana con motivo del rodaje de una película basada en una de sus obras.

La labor de documentación que hizo el escritor resultó extremadamente minuciosa, aunque como el propio escritor dice, tampoco ha querido escribir un libro fiel a la historia, aunque el autor sí estudia con detalle cómo fue el atentado contra el dictador y sus consecuencias. Es importante que no tomemos la obra como un ensayo histórico puesto que Vargas Llosa aprovecha el momento para ‘ficcionalizar’ tanto a los personajes históricos como a los que surgieron de su portentoso ingenio creativo.

La postura política de Mario Vargas Llosa está muy clara desde hace considerable tiempo, el peruano es un acérrimo defensor de la libertad, sin embargo, se aprecia -muy livianamente- cierta admiración por la figura de este dictador apodado ‘El Chivo’ (debido a su fama de mujeriego, pues, cual macho cabrío, copulaba con todas las mujeres que se le antojaban sin importarle lo más mínimo la procedencia de sus amantes y, al mismo tiempo, también es usado el apodo para caracterizar al dictador como un loco despiadado). Sin embargo, no procede de aquí la admiración que le tiene el escritor, sino, más bien, del talento con el que consiguió maquillar la penosa realidad cotidiana de los dominicanos hasta convertirla en un teatro con decorados de cartón piedra. Mario Vargas Llosa no obvia, en momento alguno, que gran parte de las dictaduras en Hispanoamérica (y también en muchos otros países) se sustentaron en el apoyo otorgado por los Estados Unidos.

No es La fiesta del Chivo una novela tan complicada como lo pueda ser La casa verde, ni mucho menos. Es una obra con una estructura muy potente pero que permite una fácil lectura y persigue el objetivo de impresionar de sobremanera al lector, consiguiéndolo notablemente. Los truculentos pasajes que se narran son capaces de afectar nuestro ánimo, sin embargo no se regocija en lo macabro el autor, sino que estos personajes se trabajan para perfilar la figura de ese ‘Chivo’ impío. El lector tiene conocimiento de la trama a través de diversos puntos de vista que transcurren simultáneos a la acción y que le permiten formarse una idea adecuada tanto del fabuloso ritmo que Vargas Llosa ha imprimido a su novela -y que produce en el lector una tensión difícilmente descriptible- como de algunos recursos que son característicos del autor, como, por ejemplo, la técnica del flash-back. Así, varias historias con distintos protagonistas tienen lugar en La fiesta del Chivo confluyendo en el atentado que tuvo lugar contra el dictador. Dice Joaquín Marco -con toda la razón- que estas ‘son de las páginas más terribles que se han escrito sobre la crueldad y la degradación humana. No son recomendables para almas sensibles’.

Como apunta Miguel García-Posada, Vargas Llosa no intenta en ningún momento adoctrinar o proponer sistema político alguno, por el contrario, lo que se pretende es presentar una realidad llena de excesos que, en efecto, espanta al lector. Algo importante si pensamos que una de las funciones que el propio autor atribuye a la literatura es la de defender la libertad y mantener el espíritu crítico. No es moco de pavo esto y nosotros, quizá más que nadie, debemos tenerlo siempre presente, pues nuestro país estuvo, no hace demasiado, sumido en el más profundo de los oscurantismos.

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