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Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes

1. Breve biografía del autor.
Ricardo Güiraldes nació en Buenos Aires (Argentina) en 1886. Con un año de edad, el autor de Don Segundo Sombra (1926), marcha con su familia a Europa. Cuando regresan a Argentina, Güiraldes ha aprendido la lengua alemana y francesa. Ingresa en la Facultad de Arquitectura primero, y en la de Derecho después. Abandonará ambas carreras. Tras probar fortuna con varios empleos vuelve a Europa en compañía de un amigo instalándose en París. En 1912 vuelve a Buenos Aires con la sensación de haber perdido el tiempo pero con algunos borradores de lo que, luego, sería un volumen de cuentos. En 1913 se casa con Adelina del Carril y comienza a publicar estos cuentos en algunas revistas. Todo este quehacer literario quedaría plasmado en dos libros: Cuentos de muerte y de sangre (1915) y El cencerro de cristal (1915) que fueron objeto de duras críticas y mofas. Desolado, Güiraldes retiró los ejemplares en venta y los tiró a un pozo. Afortunadamente, algunos de estos libros nos han llegado debido a que su mujer hizo rescatar algunos libros de dicho pozo. Pronto se repondrá del varapalo y publica su primera novela Raucho (1917). Ricardo Güiraldes fallece en París en 1927. Otras obras del autor son: Rosaura (1922) y Xaimaca (1923).

2. Contexto literario de la obra.
Tras siete años de redacción y continua revisión se publica Don Segundo Sombra, una novela gauchesca. Hasta ahora, la literatura gauchesca había estado relacionada con la literatura indigenista y antiesclavista. Históricamente, el gaucho ha sido reiteradamente acusado de vago y maleante; incluso en la conocidísima obra de José Hernández, Martín Fierro (1872), el gaucho es contemplado como un ser marginal. Será a partir de la obra que ahora comentamos cuando se comience a considerar la figura del gaucho como la de alguien noble y generoso. Por último, reseñar que gran parte de la literatura gauchesca está entremezclada con elementos costumbristas y sentimentales.

3. Comentario de la obra.
La obra elimina la dicotomía ‘civilización-barbarie’ que tan extendida estaba en la literatura argentina. Observamos una reconciliación entre ambas. Esta obra ha sido criticada por no tener contenido social. Ciertamente, no se intenta hacer un análisis de la sociedad, sin embargo, se exalta la dignidad del gaucho a medida que se van describiendo todos y cada uno de los aspectos de la vida en la Pampa.

En la hacienda de Ricardo Güiraldes vivía un gaucho al que él admiraba mucho llamado don Segundo Ramírez, él será el referente directo del protagonista de la novela. El mundo gauchesco que refleja la obra pertenecía ya en gran medida al pasado. La época del gaucho trashumante y libre ya estaba agonizando (si no había acabado ya) pues el espacio natural del gaucho era la Pampa, y ésta ya estaba en claro proceso de industrialización: aquella llanura infinita había sido acotada y cercada por kilómetros y kilómetros de alambre de espino.

Güiraldes ensalza al gaucho de tal modo que queda convertido en arquetipo. La historia se narra desde la perspectiva de un muchacho que, a través de sus ojos, analiza lo que ve. Fabio Cáceres (que así se llama el coprotagonista) ha sido denominado por la crítica como un ‘personaje espejo’ puesto que refleja el mundo en el que vive. La percepción que Fabio tiene de Don Segundo Sombra cuando lo conoce es la de un personaje envuelto en la leyenda. Junto a Don Segundo, Fabio emprenderá un largo viaje que será también un camino cognitivo; este viaje iniciático representa la misma vida humana. La estructura de la novela se dispone en una serie de estampas en las que se narra -desde la perspectiva de Fabio, personaje intradiegético que escribe desde dentro de la historia con el papel de coprotagonista- las costumbres de los hombres de la Pampa en general y de Don Segundo Sombra en particular. Este gaucho tan admirado por Fabio se convierte así en lo que llamamos un ‘personaje tema’. La singularidad de la novela radica en la progresiva y cuidada construcción del gaucho. Don Segundo Sombra es un hombre de carne y hueso que ha adquirido la condición de mito, aunque posee un lado oscuro que no se nos oculta en ningún momento.

Hay dos niveles en el lenguaje de la obra: un lenguaje culto, con abundantes imágenes, y otro que es reflejo del registro coloquial lleno de vulgarismos y americanismos. El ritmo se acelera unas veces y se remansa otras para situarnos en un espacio narrativo bipolar que puede mostrarse tanto descarnado y cruel, como apacible y bello. Incluso, en ocasiones, la naturaleza se antropomorfiza. Dentro del complejo sistema de imágenes que encontramos en la novela, hay que destacar el uso que Güiraldes hace del agua como elemento simbólico: el agua como avance, como cambio, asociada al paso del tiempo y siempre unida a momentos determinantes de la vida de Fabio.

El final de la obra es realmente interesante, pues acaba con un Fabio que ha heredado una gran estancia. Él prefiere instalarse y hacer una vida sedentaria aunque siente que se desangra -metafóricamente hablando, por supuesto- al renunciar a la vida gauchesca mientras Don Segundo parte hacia la que siempre fue su casa, la Pampa mítica, la extensa y llana Pampa que ya nunca volverá a ser el espacio abierto que una vez fue.

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