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Mortal y rosa, de Francisco Umbral

1. Breve biografía del autor.
Francisco Umbral nació en Madrid en 1935, pero pronto viajó a Valladolid. En 1958 comienza a escribir en ‘El Norte de Castilla’ y a principios de los 60 vuelve a Madrid para quedarse definitivamente. Pronto se convierte en un asiduo colaborador en prensa y publica en periódicos y revistas tales como ‘Ya’, ‘El País’, o el desaparecido ‘Diario 16’, para recalar finalmente en ‘El Mundo’. Su primer libro es Tamouré (1965) y supone el inicio de una frenética carrera literaria. Mortal y rosa (1975) no parece atraer el interés de la crítica (salvo alguna excepción) en el momento de su aparición, aunque con el paso del tiempo sí ha sido objeto de estudio. Francisco Umbral cultivó -además de la novela- el género ensayístico con ejemplos como Trilogía de Madrid (1984) o Memorias de la jet (1991). Su producción poética es considerablemente menor que la prosística y hemos de destacar una antología llamada Crímenes y baladas. Antología de poesías líricas (1984). Umbral fue galardonado con el Premio Cervantes en 2000 y murió en 2007. Otras obras del autor son: Diario de un español (1975), Diario de un escritor burgués (1979), El hijo de Greta Garbo (1982) o Las señoritas de Avignon (1995).

2. Contexto literario de la obra.
La crítica considera el año de 1962 como el momento en el que el realismo que se ha cultivado en la posguerra cae en desuso y las nuevas tendencias traen aire fresco a la Literatura Española. Los libros que publican los escritores hispanoamericanos del ‘Boom’ influyen de manera decisiva en los escritores nacionales. Dos tendencias parecen claras en el panorama literario de la década de los 70: por un lado, se publica una literatura de corte tradicional de temática social; por otro, la continuación del experimentalismo que se apoderó del género novelístico desde mediados de la década anterior con Juan Benet y que Goytisolo o Marsé -por poner sólo dos ejemplos-. Mortal y rosa (1975) queda encuadrado dentro de esta última corriente enlazando, a la vez, con la novela lírica europea.

3. Comentario de la obra.
Aunque un crítico de tan reconocida solvencia como Santos Sanz Villanueva dijese que Mortal y rosa era ‘una de las piezas magistrales de la prosa narrativa contemporánea’ cuando hordas de lectores renegaban de toda la producción literaria de Francisco Umbral, es un dato representativo de la cantidad de sentimientos encontrados que generó este polémico personaje que a nadie dejaba indiferente. Umbral no tuvo reparos en defenderse diciendo que todos aquellos que criticaban su frenética labor literaria (pues publicaba varios libros por año y escribía diariamente en prensa) luego se deleitaban con Benito Pérez Galdós (otro escritor tremendamente prolífico).

Con todo, lo cierto es que la obra que ahora nos ocupa tiene un estilo altanero, fallido y pretencioso que no termina de transmitir demasiado, aunque no deja de albergar un buen puñado de momentos -los menos- de exquisita literariedad. Lástima que no sean suficientes como para salvar la obra. En muchos momentos se abandona bruscamente el tono grave que caracteriza la obra para salir con arrebatos inesperados que descolocan al lector.

Esta ‘novela de la memoria simultánea’ como se la ha llamado, es un diario de autor que posee referencias a Camus, Proust, Freud y Unamuno, entre otros. En él encontramos un año de la vida de Umbral a través de una prosa poética que, aunque depurada, se queda en poco o en nada. Lo más característico de Mortal y rosa es que la voz del autor resuena en cada rincón de la obra. Este narrador poético habla consigo mismo buscando librarse del desasosiego que le produce la muerte de su único hijo. Mortal y rosa bebe directamente del legado del Grupo del 27 y no sólo por los versos del insuperable Pedro Salinas que dan pie a la obra, sino porque la metáfora que Umbral usa en este libro es de una originalidad digna de antología y, quizá sea éste, uno de los puntos de mayor valía de la novela.

Umbral se pregunta el porqué de escribir un diario e inmediatamente se responde a sí mismo: ‘no por vanidad […] sino por buscar la sencillez última, por huir del artificio que en último extremo suponen todos los géneros literarios’; añadiendo a continuación que ha de resignarse a hacer literatura en su diario íntimo, ‘a que vaya resultando un poco el poema en prosa de unos graves meses de su vida, o la novela de un mal novelista’. En realidad, todo el que conozca mínimamente a Francisco Umbral no puede sino sonreírse tras leer estas palabras. La agudeza de este escritor no hace otra cosa sino tender una trampa al lector distraído, pues se denomina mal novelista, quizá porque Mortal y rosa no sea una novela como tal, pues no posee argumento aunque se utilice la muerte del hijo del escritor como eje en torno al cual gira toda esta novela lírica.

Francisco Umbral se creó una pose literaria que terminó por fagocitarlo y que condicionó, en extremo, a muchos lectores, tal es así, que detractores y defensores establecían encarnizadas luchas dialécticas en las más diversas tertulias. Mortal y rosa tiene tantas posibilidades de pasar a la Historia de la Literatura como de no hacerlo, pues está llena de luces y sombras. Una cosa está clara, ni la pose del autor ni su literatura dejan indiferente al público lector.

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