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Lucía Jerez, de José Martí

1. Biografía del autor.
José Martí nació en La Habana (Cuba) en 1853. A finales de la década de los 60 es encarcelado por motivos políticos. La condena de seis años no será cumplida en su integridad pues su quebrantada salud motivó el indulto. Fue trasladado a la Isla de Pinos y posteriormente deportado a España en 1971. Al poco tiempo de establecerse en la capital publicó El presidio político en Cuba (1871). Inició estudios de Derecho y publicó La república española ante la revolución cubana (1873). Tras graduarse en Derecho y Filosofía y Letras, viajó a Ciudad de México donde se pudo reunir con su familia en 1875. Tras recalar muy brevemente en La Habana, fue nombrado catedrático de literatura e historia en la escuela normal central, donde conoció a la que sería su mujer. Tras renunciar a su cátedra viaja a Cuba y es detenido por conspiración y nuevamente deportado a España, aunque, posteriormente, viajará a Estados Unidos. Colaboró en prensa y, en Caracas, fundó la ‘Revista venezolana’, por lo que será expulsado de Venezuela. De nuevo en Estados Unidos, publica Cartas de Nueva York o Escenas norteamericanas (1881-1891) e Ismaelillo (1882), un libro de poesía. José Martí publica la primera novela modernista: Amistad funesta (1885), también llamada Lucía Jerez. En 1890 es nombrado cónsul de Argentina y de Paraguay y comenzó a trabajar como profesor de español en Nueva York. José Martí falleció en Dos Ríos en 1895. Otras obras del autor son: Diarios de campaña (1885), Adúltera (1871) o Nuestra América (1891).

2. Contexto literario de la obra.
La prosa de los primeros escritores modernistas, como puedan ser José Martí o Manuel Gutiérrez Nájera sentó las bases de lo que habría de postularse como una revolución estilística de la Literatura Hispanoamericana, pues se apropiaba de multitud de recursos de otras artes como la música y la pintura para conseguir la perfección formal. La novela modernista se inicia con un deseo de evasión al tiempo que trata temas que anteriormente no habían aparecido en la novela, tales como el ocultismo o el esoterismo. Este tipo de novelas gustan de describir paisajes urbanos y se produce una sublimación de la realidad histórica. Dos son las vertientes experimentales del personaje de las novelas modernistas: la primera es la experimentación en su relación con la sociedad a través del erotismo, las drogas y la cultura. La segunda es más bien una relación consigo mismo, una introspección que es la del propio autor.

3. Comentario de la obra.
La obra persigue un fin claramente esteticista a lo largo de todas y cada una de sus páginas, algo que es normal en el Modernismo. Sin embargo, se perciben ciertas connotaciones románticas. Para algunos críticos, esta obra refleja gran parte de la vida de José Martí hasta el punto de ser difícil desligar autor y narrador. Parece claro que Lucía es un reflejo de su mujer y, muy probablemente, otros personajes (como es el caso de Ana) pertenecieran a su familia. Además, en el momento en el que escribe la obra el autor, éste está separado de su mujer, comprendiéndose, de este modo, los celos de Lucía por Sol.

Carlos Javier Morales publicó hace ya algunos años una magnífica edición de Lucía Jerez y, en su extenso prólogo, encontramos un magnífico y preciso análisis de las relaciones que se establecen entre el narrador y los personajes. A pesar de poseer la novelita un narrador omnisciente, los personajes expresan, por ellos mismos, opiniones y convicciones profundas que muy bien podrían haber sido tratadas por dicho narrador, narrador que, por cierto, se expresa en tercera persona, otorgando, como decimos, mayor autonomía a los personajes, pues, en muchos casos, los enunciados del narrador no son hechos desde su perspectiva, sino desde la de los personajes. Hemos de reseñar que el uso de estilo indirecto libre está magistralmente usado por Martí y supone una renovación de la prosa puesto que, este recurso, apenas había sido utilizado antes en la literatura hispánica. Como podemos observar, la prosa de Lucía Jerez está ciertamente cuidada y posee numerosos rasgos poéticos que no desvirtúan el equilibrio que ha de existir entre fondo y forma. De este modo, el autor nos ofrece una prosa de alto valor simbólico que habremos de leer con cuidado para extraer toda la emoción y todo el sentimiento que encierra la prosa de José Martí.

En cuanto a los personajes, se ha dicho que Sol representa la patria, en este caso, Cuba, que Lucía es un personaje esencialmente modernista inmerso en un ambiente romántico y que Juan Jerez es un personaje anodino que aparece tipificado como un héroe siempre en un segundo plano. Estos personajes se mueven casi de forma constante en espacios interiores. De este modo, se observa que el autor se aparta de la magnificencia de la naturaleza americana que tanto protagonismo tuvo en otros autores.

La novela, a pesar de ser una buena obra y resultar interesante para su lectura, no es una obra que deslumbre. Al lector le gustará mientras pasa el rato leyéndola pero, a buen seguro, no es una de esas novelas que, por decirlo de algún modo, le resulten apasionantes y le enganchen desde la primera página. En todo caso, no está de más recomendar su lectura, eso sí, a personas interesadas por la Literatura Hispanoamericana.

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