La etopeya personal

Con cada comienzo de curso, me gusta encargar un trabajo muy especial a mis alumnos de primero de bachillerato, un trabajo que les permitirá poner en orden sus ideas y para el que tendrán que esforzarse con el fin de conseguir plasmar en el papel su visión del mundo en un momento de la vida en el que las contradicciones y las pasiones se mezclan en sus mentes: escribir una etopeya personal.

Esta etopeya personal se convertirá en una radiografía de su forma de pensar y, si se hace bien, será un valioso documento para ellos porque si lo guardan y vuelven a él pasados unos años, bien cuando terminen la universidad, o bien cuando alcancen la edad madura, estoy convencido de que se sorprenderán, al releerlo, de cómo era su forma de pensar y de cuáles eran sus convicciones al comenzar el primer curso de bachillerato.

El objetivo de la etopeya personal es crear un documento que ahonde en sus mentes, que les haga reflexionar para que se convierta en pedacito de ellos mismos, un documento en el que se describe su filosofía de la vida, su postura ante los acontecimientos sociales de nuestro tiempo, sus metas y anhelos, en definitiva, su vida.

El trabajo debe tener una estructura fija y es:

En total, de ocho a diez folios mecanografiados.

Por supuesto, cuando les presento la idea, siempre remarco que no valoraré si uno tiene una postura u otra en tal o cual tema, lo importante es que esté bien redactado, hayan conseguido bucear en su interior y expresar correctamente su opinión. Una vez que les devuelvo los trabajos corregidos, las valoraciones que hacen de esta experiencia son enormemente positivas y han visto que lograron escribir un texto sobre ellos mismos que va mucho más allá de lo que habían imaginado en un principio. De hecho, en varias ocasiones me han asegurado que ha sido el mejor trabajo que les han encargado en toda su etapa estudiantil.

Créditos de foto | Ed Yourdon

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