Si algo he comprobado a lo largo de todos estos años de docencia es que las clases que se componen de actividades cortas funcionan mucho mejor que las que no. Esto se hace particularmente evidente cuando enseñamos un idioma en un contexto de inmersión lingüística puesto que es en este ambiente multicultural donde los alumnos internacionales han de hacer un especial esfuerzo mental por seguir y comprender la clase.
Al programar la clase con actividades cortas da tiempo a hacer más cosas, lo que hace que las sesiones sean mucho más variadas y amenas. Por otra parte, esto tiene mucho que ver con la facilidad de comprender y asimilar lo que el profesor explica. Pongamos un ejemplo: si un alumno se pierde el el minuto 3 en una actividad que dura 15, puede reengancharse cuando comience la siguiente, algo imposible cuando hacemos actividades que duran más de 20 minutos. Si un alumno se pierde al principio de una actividad que dura, por ejemplo, 40 minutos, estará desconectado de las explicaciones y ejercicios durante tanto tiempo que no tardará en desmotivarse y frustrarse. Si esto se convierte en la tónica habitual, nos costará mucho esfuerzo realizar nuestra labor labor como profesores.
Si quieres hacer una clase con ritmo, interesante, útil y motivadora, sigue este consejo, programa una clase compuesta de actividades cortas de diferente duración, combinando las de 20, con las de 10, 5 y 15. No tardarás en comprobar que da muy buenos resultados. Si crees que esto puede serte útil, te recomiendo que leas ‘La teoría del cubo de helado‘.

Hola Miguel Ángel!!!!! Muy interesante la reflexión que propones, es cierto que las actividades cortas le dan más ritmo a las clases. Además, aunque el profesor puede estar muy compenetrado y entusiasmado con una actividad más larga, no siempre los alumnos logran mantener por mucho tiempo el mismo nivel de atención y participación. Lo malo es cuando nos colgamos, los profesores, y seguimos adelante sin darnos cuenta, no? Eso para empezar el debate, en un rato seguimos…
Asimismo, creo que también es importante respetar el “timming” de cada actividad, perrnitir que fluya y que los alumnos puedan expresarse con soltura. Para ello, en algunas oportunidades pero no siempre, algunas actividades necesitan un poco más de tiempo. Además, obvio, de que el profesor sepa guiar a los alumnos y los deje participar sin ser siempre el protagonista. Tampoco podemos irnos al otro extremo y llenar la clase de actividades sin hacer nada bien, dándole tiempo al tiempo.
Sí, en efecto. Además, hay muchas culturas que se sorprenden (y se aburren) de lo que podemos ‘enrollarnos’ los españoles con único tema, podemos estar hablando una misma cosa durante muchos minutos dándole vueltas y vueltas.
Totalmente de acuerdo, llenar el tiempo de la clase de actividades por el mero hecho de llenarla no es una buena opción, estamos de acuerdo en que todo lo que se lleva al aula está motivado por los objetivos que deben conseguir los alumnos.
En muchas ocasiones he oído a profesores que decían que como una actividad estaba funcionando bien, pues la han dejado que siguiese adelante y esto nos lleva de cabeza a ‘La teoría del cubo de helado’.
http://www.magarciaguerra.com/2009/06/la-teoria-del-cubo-de-helado/
¡Saludos cordiales estimado prof.García!, buscando más informaciones sobre la profa. Julieta Sueldo, llegué a su blog. Me pareció interesante su punto de vista con respecto a los tiempos usados en las actividades en clase. Su metáfora sobre el cubo de helado (que me hizo recordar que tenía uno en la refri) me hizo pensar en la posibilidad de llevar una actividad a la clase, y no necesariamente terminarla en una clase. De la misma forma que hago con el helado en mi refri, puedo aprovechar este helado de diferentes formas, cada vez que me sirvo una o dos bolas, un día puedo servirme el helado solo, otro día puedo acompañarlo con alguna fruta, y así por el estilo. Respetando la idea de que una actividad no debería ser muy prologando, pues hasta lo más rico cansa, esto no quiere decir que los profesores nos limitemos a actividades de corta duración. Creo que nadie en su sano juicio lleva para casa un cubo de helado para acabarlo en un día. Apesar de ser algo lógico, talvez haya profesores que no hayan percibido esto.
En nuestros cursos, argumentamos que cambiamos de actividad cada 20 o 25 minutos por el hecho de que una persona adulta (niños es menor el tiempo todavía) solamente consigue mantener la atención en un determinado tema por 20 o 25 minutos, luego está pensando en otras cosas (la mente viaja para otros confines), por eso consideramos que debemos cambiar de actividad en este intervalo de tiempo. Una especie de aplicación del POMODORO en clase (http://www.pomodorotechnique.com/).
Felicitaciones por el trabajo, y espero que podamos siempre intercambiar ideas.
Prof. Jô
http://www.chegadeportunhol.blogspot.com/
Fe de erratas:
actividad muy prolongada…..