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¿Debe el lector pagar por lo que lee?

Se escucha por ahí que la gente ya no lee los diarios en papel, que los diarios ya no son rentables, que no se pueden sobrellevar los costes de producción porque la influencia de internet ha hecho que la gente lea en la red y no compre periódicos físicos. Se escuchan todas estas cosas y otras muchas más que son, en su mayoría, falacias propagandísticas del inmovilismo más rancio.

El periódico estadounidense Newsday anunció hace algún tiempo que -en su versión digital- pasaría a ser un periódico con contenidos de pago intentando llevar el modelo de negocio tradicional al nuevo marco económico que ha traído internet para escaparse del falso ‘todo gratis’ que tan cacareado es por las sociedades de gestión de derechos de autor. Rediseñar el periódico e implementar la plataforma que administra los pagos y las suscripciones costó unos cuatro millones de dólares. Esperaban que el dinero obtenido por ofrecer cobrando lo que ya estaba gratis en el resto de medios les ayudara a  incrementar sus ganancias, pero no ha sido así en absoluto. Después de tres meses sólo han conseguido 35 suscripciones. Un fracaso absoluto. En la red, lo que interesa es que entre gente a tu sitio web, por el contrario, cerrándolo sólo se logra el aislamiento y que tus contenidos enmohezcan en lugar de crecer con los comentarios y la afluencia de lectores. Es evidente que cuantos más comentarios haya tenido una noticia, más gente habrá visto la publicidad de la página y esto es algo que saben muy bien los administradores de las webs con más tráfico de internet.

Y es que los hay que no aprenden, tal es así que el New York Times volverá a intentar sacar adelante su versión de pago a pesar de haber fracasado estrepitosamente en su primer intento y no fue el único, aquí en España también fracasó la versión online de pago de El País. Hoy, hablaba de esto mismo con un buen amigo que, conocedor del mundo editorial me comentaba que la venta de periódicos físicos apenas cubre los gastos de papel, tinta y distribución y que, obviamente, el grueso de la financiación de los periódicos viene de la publicidad.

Veamos, si un periódico me ofreciera algo que no pudiera encontrar en ninguna otra parte, en tiempo real y con una cobertura que mereciese la pena, no me importaría pagarlo. Sin embargo y, por mucho que se esfuercen, hoy por hoy, casi todo lo que pueden ofrecer los periódicos viene a través de agencias de noticias por lo que, casi seguro, estará en la red de forma gratuita.

Pero el problema radica, principalmente, en que los diarios no se han atrevido a lanzarse a la red porque les cuesta abandonar la identidad que se han ganado y que les diferencia del resto en el quiosco. El País -por ejemplo- es un periódico líder en el quiosco pero no en la red, no es tan influyente, ni tiene tanto peso. No se ha puesto a trabajar todavía su identidad en la red, no se ha esforzado en imponerse como referente informativo frente a agencias, portales y otros como Twitter y es que la fidelización de los lectores funciona de forma diferente en el mundo digital que en el analógico. De hecho, para intentar que el modelo analógico aguante un poco más, los grupos editoriales se van a gastar ocho millones de euros en regalos para los lectores durante este primer trimestre del año.

Ahora bien, qué pasa con la literatura. La música parece que poco a poco va encontrando su camino, el de los conciertos y la venta del merchandising. Al periodismo no le queda otra que evolucionar en la red hacia un modelo de red social abierta financiada con la publicidad pero… ¿qué pasa con la literatura? Hace unas semanas, hablaba con José Manuel Gallardo, genial poeta y profesor de lengua y literatura, y comentábamos algo interesante. Hasta hace bien poco, el oficio de escritor no existía. Muchos de los grandes escritores tenían un trabajo que les daba para comer y escribían por otras razones entre las que se podían encontrar, también, las económicas. Y es que ser escritor no es una profesión ni siquiera en su definición en diccionario de la RAE (escritor: persona que escribe) y sí lo es, por ejemplo, panadero (panadero: persona que tiene el oficio de hacer o vender pan). El modelo económico basado en la venta de copias parece que tiene los días contados y los escritores no dan conciertos ni ponen publicidad -por ahora- en los libros. ¿Cuál será el modelo de negocio para los escritores en un mundo en el que no cuesta apenas nada hacer una copia digital? Interesante incógnita, sí señor.

Créditos de foto | stylianosm

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