A los profesores, por regla general, se les olvida se nos olvida muy pronto el trabajo y el esfuerzo que debe hacer un alumno para aprender y, lamentablemente, se nos olvida rápidamente lo que se sufre cuando se estudia un idioma y mucho más cuando este aprendizaje tiene lugar en un contexto de inmersión lingüística.
Muchos de nosotros, nos preocupamos de participar en los habituales cursos de formación teórico-práctica sobre la enseñanza de idiomas en general y de español como lengua extranjera en particular, sin embargo, esto puede no ser suficiente. Ningún profesor hará realmente bien su trabajo si olvida lo complicado que puede llegar a ser estudiar un nuevo idioma.
Por ello, sería recomendable que los profesores de idiomas hicieran cada dos o tres años un curso de una lengua que le guste. No tanto por aprender la nueva lengua (aunque, también) sino por experimentar, por vivir en carne propia lo que sienten sus estudiantes todos los días.
Mejoraremos, sin duda alguna, nuestra competencia docente puesto que comprenderemos lo difícil que es llevar a cabo las actividades que, con frecuencia, encargamos a nuestros alumnos. Por ejemplo:
1. Cuando uno lee un texto lleno de palabras que no entiende, es imposible debatir sobre él si el profesor no lo resume, si no le ha adelantado el vocabulario el día anterior para mirarlo con calma y asimilarlo, si -tras haberlo leído en clase- no le da el sentido, la unidad necesaria para que sea comprendido por el estudiante y que éste pueda comenzar a aportar opiniones.
2. Es muy complicado practicar el vocabulario descontextualizado que el profesor ha facilitado en una lista de 25 palabras que no hemos visto jamás.
3. Es frecuente que, cuando se estudia el idioma que uno no conoce y el profesor inicia una rueda de ejercicios/opiniones/frases, normalmente, no se preste ninguna -o poca- atención a lo que dicen las personas que nos preceden puesto que se está pensando en lo que se va a decir, y después de haberlo dicho, tampoco se presta atención a lo que dice el siguiente compañero porque se reflexiona sobre las correcciones que nos ha hecho el profesor.
4. La inseguridad nos hará dudar, nos hará equivocarnos, e incluso, es posible que sintamos cierta vergüenza al hablar.
5. Es muy probable que no entendamos, en determinados momentos, lo que tenemos que hacer ya que el enunciado está en otro idioma y, peor aún, puede que sea impreciso. Es muy probable que nuestro ejercicio no tenga nada que ver con lo que se nos pide o que ni siquiera podamos empezarlo.
Quizá esta entrada del blog no aporte nada nuevo para la mayoría de profesores de idiomas, utilícese pues como un mero recordatorio, una nota para no olvidar el esfuerzo que llevan a cabo diariamente nuestros estudiantes y que este esfuerzo merece nuestra continua valoración y apoyo.
Créditos de foto | Markus Koljonen

03 jul 09 - 14:41
Hola
Pienso que el reciclaje del profesor de L.E empieza por revisar la metodología que emplea en sus clases. Creo que es ahí donde debe ponerse al día. Atrás quedan los tiempos de enseñar un idioma explicando reglas de gramática y dando listas de vocabulario.
Desde hace ya años la metodología y el enfoque pretende que alumno adquiera una cierta competencia comunicativa (oral/escrito) según se encuadre su nivel de aprendizaje.
(Los niveles y competencias están descritas en el Marco Europeo para el aprendizaje de la Lenguas), pero eso es lo de menos.
El enfoque comunicativo se desarrolla en el aprendizaje por tareas, por proyectos etc … y como ya sabeis este tipo de aprendizaje es contructivista (las webquests …. no son un invento nuevo) …
Además, como que sabemos que se aprende del “error” y con eso quiero decir que el “error” en si mismo debe convertirse en fuente de reflexión, de motivación para corregirnos y seguir aprendiendo
Bueno, creo que precisamente en L.E, es donde mas se ha investigado metodológicamente … así que no creo que para reciclarme tenga que aprender una nueva lengua . Si lo hago será por placer !
Un cordial saludo
03 jul 09 - 18:45
Estoy de acuerdo con María José en su afirmación de que tenemos a nuestro alcance mucha investigación y propuestas metodológicas. Es cierto que es algo difícil estar completamente al día, pero no resulta imposible. Por supuesto que es necesario actualizarse.
Pienso que estudiar otro idioma no es una condición indispensable para mejorar nuestra práctica pero, en concordancia con Miguel, creo que es una de las más efectivas.
No sólo se trata de estar al día con la teoría (y práctica metodológica). Ser alumno de un idioma nos ayuda, como bien describe el autor del post, a ponernos en el lugar del alumno; a revivir los sentimientos de desorientación, temor, aburrimiento y -claro- también los de satisfacción y diversión (entre muchos otros). A veces me parece que con tanto trabajo, esto de que el alumno es una persona con sentimientos nos queda en el nivel de la teoría (a veces y a algunos, pero el que esté libre de pecado…)
Por otro lado, un método de formación docente (y de actualización) realmente muy útil es la observación de clase ¿o no? ¿Cuánto aprendemos a partir de las observaciones? ¿Y cuánto más a partir de (molestemos un poquito a la etnometodología) una posición de observador participante?
Es cierto que podemos quedarnos con la teoría (y con la posibilidad de compartir experiencias de práctica con colegas). Pero también coincido con el autor del post en que ponerse en el lugar del alumno es una oportunidad excelente para mejorar como docentes.
La gramática y el vocabulario aún existen. Que hoy sepamos ponerlos al servicio de la comunicación y la acción no significa que hayan dejado de presentar dificultades. Los abordamos desde otro lugar (casi siempre), pero no dejaron de existir y ¿qué pasa con eso en la clase? ¿cómo “se siente” el contacto con ellos -aún en contextos comunicativos significativos de tareas, proyectos, etc-?
Por otro lado, solemos hablar de aprendizajes significativos y que se aprende mejor haciendo…
Personalmente, siempre pensé eso y mis mejores aprendizajes para mi labor docente provienen de mis (buenas y malas) experiencias como alumna.