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El libro electrónico

Esta mañana me levantaba con un artículo que supone una evidencia más de cuál será siguiente paso en la difusión de la cultura a gran escala. ‘Libro electrónico: ruegos y preguntas‘ es un artículo que presenta cuáles son las posiciones de la industria, de los distribuidores y de los autores. Como ya he comentado alguna vez, la inmensa revolución tecnológica que ha venido produciéndose en los últimos años tiene que llegar antes o después al mundo del libro. Por el momento hay una calma tensa, todo el mundo parece contener el aliento esperando acontecimientos que, sin duda, no tardarán en llegar.

El libro electrónico: Ruegos y preguntas

Con la llegada del libro electrónico, los autores estarán contentos puesto que pueden ganar bastante más dinero y los escritores noveles tendrán muchísimas más facilidades para meter su obra en los canales digitales de venta al público e,  incluso, podrán venderla a través de su propia web sin necesidad de contar con ningún intermediario.

En el antiguo régimen, un escritor percibe una media del 10% del precio de venta de un libro de papel como derechos de autor. En su pariente electrónico, eliminados los gastos de impresión y almacenaje, y reducidos los de distribución, ese porcentaje sube hasta el 40%. En el caso del gigante Amazon, con su poder negociador, cifras oficiosas fijan la cuota para el autor en un exiguo 20%.

Los compradores tendrán mucho más barato comprar libros con el valor añadido que no va a ocupar espacio físico en casa. Por ejemplo:

La edición de bolsillo de Viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela, cuesta 8,50 euros. En el portal Leer-e, 4,99. Y eso porque se considera una novedad digital: El proceso, de Kafka, cuesta 2,16 euros.

Como profesor, la idea de un libro de texto electrónico interactivo en el que se pueda subrayar, hacer anotaciones e hipervínculos, tener un diccionario digital incorporado me parece muy atractiva y aunque en el artículo se comenta que hay estudios de psicología cognitiva que aseguran que se aprende mejor en papel, si yo echo la vista atrás, he aprendido tantas o más cosas delante de una pantalla de ordenador que leyendo libros en papel por lo que no considero esta idea demasiado válida, incluso durante mi infancia (llevo manejando ordenadores desde los ocho años) aprendí muchísimas cosas manejando ordenadores y leyendo en pantalla. Probablemente aún no hemos dado con el dispositivo adecuado para que los alumnos de primaria puedan interactuar con los textos presentados con tinta electrónica.

Las editoriales tendrán que evolucionar junto con la sociedad y probablemente tengan que ofrecer servicios adicionales si quieren hacer atractivo su material didáctico ante la apabullante oferta de obras, títulos y colecciones que está por venir. J.R. Marcos, autor del artículo, habla acerca de la intención de la industria de incluir un DRM en las obras lo que, en mi opinión, sería en enorme error. La industria musical ya ha comprobado lo ineficaz y lo contraproducente que puede llegar a ser, tanto que lo ha eliminado. Las editoriales, librerías y autores deberían tener la lección aprendida del fiasco que han supuesto las medidas llevadas a acabo por discográficas y sociedades de autores criminalizando a los usuarios. Pero no soy muy optimista, ya hemos comenzado a ver locuras tales como que activar la lectura de textos de Kindle 2 viola los derechos de autor ya que esta lectura se contemplaría como una obra derivada.

Por el momento seguimos esperando las novedades con muchísima expectación.

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